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Domingo, 10 de Junio de 2018 - 00:00:00 | 4826 | |

Réquiem de vida por el Poeta

En este artículo: Camagüey, Nicolás Guillén, Poeta nacional, Cuba, Manuel Villabella Marrero, periodista, investigador, Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC



Por Conrado Vives Arias.

Vengo de andar y aquí me quedo,
con mi pueblo,
vengo con mis recuerdos,
vengo con mis heridas y mis versos (...)
Vengo de andar y aquí me hundo, en esta espuma.
Vengo de andar y aquí me tiendo, en esta hierba.

 

Nicolás Guillén.

Hoy no es un día como cualquier otro. Los adoquines que aún duermen en estrechos callejones, resisten con estoico orgullo el peso de su estatura. El Camagüey de las mil historias se vuelve nido y alimento para abrazarlo como la madre que espera a su bienamado tesoro.
La urbe de infinitas llanuras se fertiliza con la evocación y el homenaje a quien es y será lucero de brillo inextinguible.


El Poeta que supo remontar al cielo la esencia vigorosa de la nación, regresa con su pícara y criolla sonrisa. En el recuerdo de quienes compartieron dolores y alegrías, aún permanece vívido aquel rostro de facciones graves, pero capaz de transformarse en una sonora carcajada. Y en ese mismo instante, la magia de Nicolás encantaba a hombres y mujeres, que tuvieron el privilegio de gozar de su amistad.

A la suave comarca de pastores y sombreros, le cabe el orgullo de que varios de sus hijos compartieron con el célebre autor de Sóngoro cosongo. Uno de ellos es Manuel Villabella Marrero, reconocido periodista e investigador.

 

José Manuel Villabella.

“Conocí a Guillén en los años posteriores al triunfo de la Revolución. Yo era un joven atraído por su creación literaria y periodística, lo que me dio la oportunidad de entablar trato con él. Cuando venía a Camagüey, siempre nos encontrábamos en la sede provincial de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y en otras actividades.

Esa admiración  se trocó en una amistad que se consolidó por mucho tiempo. Ese privilegio que me dio la vida me sirvió para ahondar en el pensamiento y los aportes del poeta a nuestra cultura y también a la filosofía revolucionaria.

Recorríamos las calles del Camagüey, que era una de las cosas que más le agradaba a Nicolás; sobre todo por las noches y las madrugadas, no solo yo lo acompañaba, sino otros amigos y compañeros, muchos de ellos hoy lamentablemente fallecidos. El recuerdo que tengo de aquella etapa es imborrable por la personalidad y carisma que distinguía a Guillén, y el amor que sentía por las leyendas y tradiciones de su tierra natal.

Tampoco faltaban las visitas a dos hermanas suyas; una que residía en la ciudad y la otra en el poblado de Cascorro, perteneciente al municipio de Guáimaro, sin dejar a un lado la devoción que sentía por el hoy municipio de Minas, donde vivía su hija”.    

Busco en tu violada niebla matinal
Una calle y la sigo
Por entre el laberinto de mi infancia,
Por entre las iglesias torrenciales,
Por entre los machetes campesinos,
Por entre plazas, sangres, gritos
De otro tiempo.
Es un sueño.
Oh, mi pueblo.


En el contexto del aniversario 22 de la desaparición física del artífice de joyas poéticas como la célebre Elegía a Jesús Menéndez y Canción, a Villabella Marrero se le vio muy activo. Con su testimonio y sabiduría trajo al presente la impronta de Nicolás Guillén en un Coloquio que anualmente convoca a estudiosos de la vida y obra del más ilustre de los bardos y periodistas camagüeyanos.

“La herencia intelectual y revolucionaria que nos dejó Guillén aún tiene caminos inexplorados, sobre todo, su contribución a las letras hispanoamericanas, por sus innovaciones métricas y estilísticas, a lo que se une un profundo contenido ideológico y de identidad difícil de apreciar en otros autores. Por eso, con las jóvenes generaciones debemos trabajar con ahínco para que se apropien y a la vez, preserven la herencia de Nicolás por lo que representa y encierra en sí misma”, apunta el amigo fiel.


Se despide el Poeta de la ciudad que lo prendió con su magia irresistible, los amigos reverenciadores y la Patria gallarda. No es un adiós sin retorno, ni un réquiem por alguien que traspasó la muerte; queda la estampa corpórea de un hombre que amó intensamente como solo saben hacerlo los seres únicos.

Tengo, vamos a ver,

tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor. 

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