Sábado, 06 de Junio de 2020
Radio Cadena Agramonte
Miércoles, 10 de Agosto de 2011 - 21:22:47 | 2183 | |

Joaquín de Agüero: “siempre he sido fiel a mis principios”

En este artículo: Puerto Príncipe, Camagüey, anticolonialista, Cuba, Camagüey, San Carlos, Agüero Beatriz Méndez



Por Lucilo Tejera Díaz/ Servicio Especial AIN

El 12 de agosto es un día de recordación patria. En 1851, en la periferia norte de la ciudad de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, el colonialismo español fusiló a cuatro patriotas cubanos que el mes anterior se habían declarado en armas contra el régimen, junto a otros camagüeyanos.

Joaquín de Agüero, un hacendado principeño anticolonialista que había dado la libertad a ocho esclavos, fue el jefe del alzamiento, el cual se propuso de inmediato el asalto al poblado de Las Tunas, pues la localidad significaba un punto de unión entre la región oriental de Cuba y Camagüey, las más reacias al poder peninsular y amantes de la independencia.

Pero la acción resultó un fracaso porque en la oscuridad de la noche los insurrectos se tirotearon entre sí.

Aquello desalentó a varios de los alzados y también a otros que apoyaron el pronunciamiento, mientras las fuerzas españolas intensificaron la persecución y el control de los caminos.

En la finca San Carlos, en la parte de Camagüey, Agüero y sus seguidores fueron delatados y cogidos mediante el factor sorpresa por una tropa peninsular muy superior en efectivos y armamento.

Algunos se internaron en el monte cercano y otros, con Agüero al frente, combatieron. Cinco independentistas murieron, otros fueron heridos y los que quedaron buscaron refugio en fincas, pero fue difícil la situación, pues a la persecución a que resultaron sometidos por columnas colonialistas se sumaron partidas de vecinos de la zona.

En esos días el mando español anunció un indulto a los que se presentaran. Algunos lo aceptaron, pero Agüero y otros decidieron ir hacia la costa norte para tratar de embarcarse al extranjero y preparar desde allí una acción más organizada y de mayor envergadura.

El 22 de julio, en la zona de pesca de Punta de Ganado, hoy parte del balneario de Santa Lucía, en el noreste de Camagüey, fueron apresados por la cobarde traición de un delator.

Vinieron luego días de sufrimiento y de expectación entre la población de Puerto Príncipe y de un juicio que condenó a 27 de los alzados a la muerte, pero 23 fueron conmutadas a penas de presidio.

Agüero, Fernando de Zayas, Tomás Betancourt y Miguel Benavides eran quienes debían morir por fusilamiento por la espalda al no haber en ese momento verdugo en la ciudad para aplicar el garrote vil, que era el establecido por el régimen.

Unas horas antes de aquella mañana infausta del 12 de agosto de 1851, el líder de los insurrectos le había dicho a su esposa:

“Sostendré mi puesto, sé muy bien que la vida me va en ello, pero no me haré traición a mí mismo. Siempre he sido fiel a mis principios de honradez, nada recuerdo que pueda avergonzarme en esta materia. ¿Y ahora, para ensayar la eventualidad improbable de salvar mi vida, esta vida que perderé tarde o temprano, que no es mía, sino de mi patria, me contradijera, me infamaría para siempre? No, jamás.”

En el último momento, cuando estaba a punto de darse la orden de fusilamiento en la Sabana de Beatriz Méndez, hoy la Plaza de Joaquín de Agüero, en la capital provincial, Fernando de Zayas gritó con todas sus fuerzas: “¡Muero por liberarte, Patria mía!”, y sonó la descarga que segó la vida de aquellos cuatro patriotas que hoy, 160 años después son venerados y recordados por los cubanos.

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