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Lunes, 12 de Septiembre de 2011 - 13:59:26 | 2110 | |

Ballet Folklórico de Camagüey: 20 años de una exitosa “maquinaria” artística

En este artículo: Ballet Folklórico Camagüey, Elsa Avilés Carmenate, La Habana, ciudad de los tinajones, Cuba, bailarina, bailes afro, espiritistas, hispanocubanos



Por Arailaisy Rosabal García/ Radio Cadena Agramonte
lasy@rcagramonte.icrt.cu


Cuando Elsa Avilés Carmenate llegó a Camagüey procedente de La Habana en el año 1989, ni siquiera imaginaba que sería en esta hermosa ciudad del centro de Cuba donde sellaría su destino como bailarina; mucho menos de bailes afro, espiritistas e hispanocubanos.

Galería: Compañía Ballet Folklórico Camagüey.


Supuestamente sería entrenadora de gimnasia artística, pero la afición por la música y la danza la llevaron hasta Dalia Aguilar y Reynaldo Echemendía, quienes en aquella época se las ingeniaban para aglutinar con carácter profesional a varios conjuntos que en la provincia se dedicaban a recrear la cultura popular tradicional y el folklor.  

Desde entonces a la fecha han transcurrido dos décadas, tiempo en que ese incipiente proyecto se ha consolidado como una de las agrupaciones músico-danzarias más importantes del país: el Ballet Folklórico de Camagüey.

Y Elsa, la joven que cambió las barras asimétricas, el caballo de salto, la viga de equilibrio y el tatami, lo mismo por  el sonido de los tambores yoruba, abakuá, congo, arará, que por una contradanza, una guajira, un son, una habanera o un chachachá; se convirtió en primera bailarina, profesora, regisseur y coreógrafa, de talla internacional, pero con las raíces “bien echadas” en casa.

Por eso, cuando ya suman 20 los años de la compañía, que también ha sabido “calentar” con sus espectaculares actuaciones escenarios de todo el mundo, es casi obligado este diálogo con ella.

Sería imperdonable que teniendo la oportunidad de conversar con una de las fundadoras del Ballet Folklórico de Camagüey, no hiciéramos un recuento de sus inicios, a juzgar por el propio Echemendía, su director, “nada fáciles”.



Elsa Avilés Carmenate(al centro), primera
bailarina y regisseur del Ballet Folklórico
de Camagüey.(Foto: Radio Rebelde).

Así es. Fue una época de mucho ensayo, de aprendizaje, porque muy pocos conocíamos las técnicas de la danza, ya fuese clásica, contemporánea, moderna o folklórica. Además, debíamos montar nuestro propio repertorio, y para eso se necesita tiempo.

Recuerdo que a la primera función fuimos con apenas un mes de preparación, aunque afortunadamente las cosas nos salieron bien. De hecho, las obras iniciales: Cordoneros, Bedoya Soy, y Awe Aña, todavía hoy gozan de una popularidad tremenda, sobre toda la primera, que se mantuvo en cartelera durante diez años y cuando tenemos presentaciones es casi obligado hacer al menos algún acto.

Eso es bien extraño que suceda porque generalmente lo primero que uno hace tiene sus deficiencias, por ejemplo, en la recreación misma de la ceremonia, por algunas lagunas investigativas; pero como Echemendía es un investigador nato, hizo un trabajo de excelencia.  

La obra Kimbámbula, por ejemplo, con varios premios, es una reproducción de la procesión de un cabildo congo de Camagüey, que se montó con el redoble de la banda y los cantos originales, gracias a entrevistas que hizo Echemendía a descendientes de las familias que integraban esa junta.

Para atraer público teníamos que configurar un programa atractivo, novedoso, diferente a lo tradicional, sobre todo porque el público que comenzó a asistir a las funciones era conocedor, e incluso practicantes algunos, de las culturas afro y espiritista. Por tanto, no podías improvisar, parecer artificial, y al principio eso era casi imposible de lograr.

A propósito, muchas veces se le ha escuchado decir a Echemendía que los bailarines no deben ser cuerpo nada más, sino también cabeza. ¿Cómo lograrlo?

Cuba es un país con una variedad cultural increíble; son numerosas las etnias que se asentaron en la isla, cada una con características propias, rituales específicos, y eso implica mucho estudio. Echemendía, en clases, nos enseñaba lo básico de cada cultura, y nos dejaba tareas, como si fuésemos niños pequeños.

Teníamos entonces que ir a los centros espiritistas de Camagüey y de cuanta ciudad visitábamos, como una manera de comparar las formas de adoración, los actos ceremoniales, pues la compañía desde sus inicios apostó por rescatar y representar lo auténticamente camagüeyano. Íbamos también a toques de tambores, a plantes de congos, a guateques campesinos... para apropiarnos de los movimientos, las expresiones, el lenguaje corporal, tal cual son.

Eso nos ayudó muchísimo. Al inicio nos reíamos de todo, nos daba una gracia tremenda, y a veces hasta miedo, ver aquellos espectáculos.

Hasta en los ensayos nos reíamos de nosotros mismos. Recuerdo que una vez Echemendía me echó de uno porque yo no podía contener la risa al ver cómo mis compañeros se transformaban en el escenario, parecían espiritistas de verdad. Y ese era el propósito, dotar al baile de teatralidad.  

Podría decirse que los primeros cinco años fueron una etapa de estudio, de formación colectiva; había egresados de escuelas de artes pero también artistas aficionados, a los cuales había que dotar del mismo nivel de los profesionales, y a estos a su vez, profundizarle la información y la formación folklórica que traían. 


Reynaldo Echemendía, director
del Ballet Folklórico de Camagüey.
(Foto: Radio Rebelde).

Echemendía ha sido recurrente en esta conversación. Y es que el Ballet Folklórico de Camagüey lleva, indiscutiblemente, su impronta…

Cuando la Dirección Provincial de Cultura le encomendó a Echemendía organizar y difundir profesionalmente el arte folklórico en Camagüey, tenía la certeza de que su proyecto estaba en buenas manos. Entonces él era asesor folklórico en la Academia Vicentina de la Torre y hacía muchos años que soñaba con algo así.

A partir de ese momento esta compañía ha sido su vida, al punto de que dice que después de su familia, es lo más importante. Su sabiduría y entrega han sido decisivas. Ya hablé de su excelente trabajo como investigador; a eso hay que sumarle el éxito que en el campo musical ha alcanzado el conjunto, gracias a que es un maestro de la música –recuérdese que fue clarinetista solista de la Orquesta Sinfónica Nacional-, y todo lo que se refiere a la calidad interpretativa de la danza.    

La compañía también le debe mucho a Elsa Avilés: maestría en el escenario y detrás de las cortinas, además de algunas coreografías. Háblenos un poco de esa experiencia como creadora de espectáculos de danza y como investigadora.


Quien realmente ha aportado el ciento por ciento de las investigaciones socioculturales ha sido Echemendía; yo he cooperado en muchas y sí, realicé estudios específicamente sobre el tema franco-haitiano para una de mis coreografías. Pero en lo fundamental he hecho creaciones campesinas, que comenzaron a formar parte del repertorio a partir del quinto aniversario.

Para nosotros siempre fue una necesidad narrar en el escenario, y en ese sentido logramos cosas muy novedosas con el baile campesino. No era bailar por bailar, sino que creábamos toda una historia a partir de las estampas del campo, con personajes, situaciones, y todo lo que ello implica.

También hice coreografías didácticas de esta misma manifestación, con las cuales intercambiábamos con el público y le enseñábamos las costumbres y el modo de vida del campesinado cubano y el de nuestra región en especial.

Hace casi tres años que trabaja también en el exterior, sin dejar la compañía, más bien, trabajando por la compañía…


En el 2008 el grupo Mefisto Teatro Madrid me contrató como asesora de dirección, coreógrafa y actriz bailarina para la puesta en escena de una versión de la obra Fuenteovejuna, adaptada al contexto cubano.

Estando allá, una empresa artística nos propuso a Echemendía (como director) y a mí (coreógrafa y especialista en danza folklórica y moderna), crear una compañía de bailarines cubanos que residen en la península, lo cual constituye sin dudas una excelente oportunidad para abrir el diapasón de nuestro Ballet en la arena internacional, pues uno de los objetivos es que agrupaciones de aquí vayan a hacer temporadas allá.

En abril próximo estaremos haciendo un recorrido por la península española, Portugal y Francia, así que apenas terminen las jornadas de celebraciones por los 20 años del Conjunto, que incluye además la celebración del quinto Festival Olorum, debo regresar.

Ahora mismo, ¿cuál es el reto de mayor peso para el Ballet Folklórico de Camagüey?

Para asegurar nuestra permanencia otras dos décadas y más, continuar formando artistas, sobre todo bailarines, que son pocos, y resultan imprescindibles para que esta maquinaria continúe andando con éxito.

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