Miércoles, 20 de Noviembre de 2019
Radio Cadena Agramonte
Viernes, 16 de Diciembre de 2011 - 21:43:28 | 718 | |

Orlando Rodríguez: Hice lo que le tocó hacer a mi generación

En este artículo: Revolución, Campaña de Alfabetización, Orlando Rodríguez, Dirección Nacional de Educación, guerra nuclear, analfabetos



Por Arailaisy Rosabal García/Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.
lasy@rcagramonte.icrt.cu


Cuando el 1ro. de enero de 1959 en Cuba algo llamado Revolución llegó al poder, muy pocos conocían qué significaba aquel extraño vocablo. Sin embargo solo hicieron falta unos meses para que cada poblador del mayor archipiélago de Las Antillas -tal vez no con frases ni palabras rebuscadas pero que sí con agradecimiento y confianza-, supiera explicarle al mundo qué era en esencia aquello que les había cambiado la vida para siempre y para bien.

Sin dudas, la Campaña de Alfabetización fue uno de esos grandes sucesos que cambian la vida de las personas. Sucedió en apenas un año, y gracias también a cientos de jóvenes que llegaron hasta los más recónditos sitios a enseñar a leer y a escribir a miles de hombres, mujeres y niños que jamás habían tomado en sus manos un lápiz.

Entre esos adolescentes que hicieron posible el sueño de erradicar el tan esparcido analfabetismo en Cuba, estuvo Orlando Rodríguez, un camagüeyano que viajó primero hasta Cayo Coco y después hasta Maniadero, para enseñarles a carboneros y cazadores de cocodrilos las grandes bondades de la naciente Revolución.  

Apenas tenía 16 años cuando el pedagogo camagüeyano Marcelo García aceptó la tarea de crear -a petición de la Dirección Nacional de Educación y de su coordinador Mario Díaz- una brigada que recogiera experiencias de cómo debía organizarse la futura Campaña de Alfabetización.

Fue así que 12 líderes estudiantiles de las escuelas Primarias Superiores, entre ellos Orlando Rodríguez, partieron hacia Cayo Coco, hoy un importante polo turístico pero  en aquel entonces una comunidad exclusivamente de carboneros. A partir de ese momento se les conoció como Los Coquitos.

Llegar no fue nada fácil, no solo por lo inhóspito del lugar, sino también porque Cuba estaba bajo la amenaza de una guerra nuclear, y Estados Unidos había anunciado la disposición de formar un cerco naval. Por eso en Punta Alegre se les negó el paso hacia el cayo.

Pero aquel grupo estaba decidido, e insistió ante las autoridades del poblado. A los tres días, tras varias gestiones, fueron escoltados como milicianos hasta el sitio escogido. Sin embargo, lo más difícil todavía estaba por venir.

Recuerda Orlando que cuando llegaron a Cayo Coco hicieron de todo menos alfabetizar. “Aquellos carboneros estaban renuentes; decían que para su trabajo no les hacía ninguna falta saber leer y escribir, más si hasta el momento habían sobrevivido así.

“Espontáneamente nos dimos a la tarea de integrarnos junto a ellos a hacer carbón, a picar leña, a velar los hornos en las noches… como una manera de ganarnos su confianza y que ellos fuesen recíprocos y nos permitieran alfabetizarlos. Y así fue; aunque nuestra brigada solo estuvo allí 28 días -después vino otra de Ciego de Ávila- porque nuestro trabajo era en esencia recoger experiencias de cómo debía hacerse la Campaña de Alfabetización.

“Entonces fuimos hasta La Habana, y ante la Comisión Nacional expusimos los resultados de nuestro estudio en Cayo Coco. Hicimos la propuesta de algunas modificaciones a la cartilla concebida inicialmente, planteamos la necesidad de un censo para entregar espejuelos a los campesinos pues muchos tenían serios problemas en la visión, y se determinó que a cada alumno debía entregársele más de un lápiz porque por la rudeza de sus manos y la falta de costumbre les rompían la punta.

“A partir de lo positivo de nuestra experiencia se tomó la medida de crear otras brigadas pilotos, y se aprendió que en lugar de decirle a la gente vinimos a alfabetizar había que decirles vinimos a ayudar. Esa fue una de las cosas que garantizó el éxito de los 100 mil brigadistas”.

¿Fue ese el fin de Orlando como alfabetizador?


“No, a partir de ese momento fue que comenzó de verdad mi labor como alfabetizador. Después de Cayo Coco estuve en Santa Lucía, en la provincia de Camagüey, haciendo un trabajo similar, y después me mandaron para Maniadero, un poblado de la Ciénaga de Zapata.

“Para llegar hasta allí había que caminar por los pantanos, a expensas de ser tragado por el fango. Ese es un lugar habitado por cazadores de cocodrilos, y para ganarme su confianza tuve hasta que irme con ellos de cacería como maestro cocinero entre los meses de julio y septiembre.

“El viaje hasta el lugar donde se establecían duraba tres días y tres noches. Una vez allí, cazaban puercos jíbaros y venados para comer y también para atraer a los cocodrilos. En medio de aquel escenario tuve que alfabetizar a esa gente, en total unos 24, contando también a las mujeres y los niños que habían quedado en el batey y que a nuestro regreso continuaron con las clases.

“Cuando no era temporada de caza se trabajaba picando leña para hacer polines de línea y postes para cerca; por tanto también piqué leña. Incluso llegué casi a sacar la norma”.

De su experiencia en Maniadero, el director de cine Octavio Cortázar sacó su película El Brigadista.

“Precisamente en la película hay una escena donde el protagonista, encarnado por el actor Patricio Word, va hasta el campo de corte y pide un hacha para derribar un árbol, pero no sabe tan siquiera cómo coger aquella cosa, y todo el mundo se ríe; sin embargo él se empeña en cortar leña como todos los demás aunque después tiene las manos llenas de ampolla. Eso mismo me pasó.

“Pero la película no está basada exclusivamente en mí, sino en un conjunto de testimonios de alfabetizadores que, siendo jóvenes de ciudad, muchos de la clase media, debieron conocer y vivir la vida de los campesinos”.

¿Y tantos aprietos con qué se sopesaba?


Con cada sonido que aprendían a leer y con cada letra que escribían, pero sobre todo estimulaba ver cómo descubrían tantas cosas que le eran desconocidas, como los colores; allí había jóvenes de mi misma edad que no se sabían los colores, los habían visto toda su vida pero no sabían lo que era verde, azul, blanco, rojo….

“Nosotros además de ser alfabetizadores fuimos portadores de la obra de la Revolución, y ellos estaban descubriéndola, algo que ni nosotros sabíamos bien lo que era porque hacía apenas dos años que había comenzado, aunque ese tiempo bien puede representar 30 años”.    

A propósito, cinco décadas después para usted ¿qué es la Revolución?

“Lo que puedo decir es que sin el triunfo de la Revolución, Cuba sería un país como otros tantos de América Latina, a los cuales ayudamos hoy, con altos índices de analfabetismo, violencia, drogadicción y hambre, sin atención médica, con tropas paramilitares en cada esquina. Todo eso tenemos que aprender a valorarlo mejor; hay que preocuparse menos por lo que nos falta y ocuparse más en lo que tenemos”.

¿Está conciente de cuánto ha hecho usted por esa Revolución que exige que nos ocupemos más por ella?

“Yo simplemente hice lo que le tocó a mi generación hacer, fui uno más entre tantos. La juventud de hoy no es menos que nosotros; creo que la tarea que les corresponde –mantener la Revolución en medio de un escenario mundial tan inestable, con un poder mediático muy grande, con una fuerte penetración ideológica-  es incluso más difícil. A cada generación le ha tocado vivir su etapa; lo importante es que nos ocupemos.

Comentar

Enviar comentario
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.
Archivo de noticias


Noviembre 2019
DoLuMaMiJuViSa
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Radio Cadena Agramonte | Noticias de Camagüey, Cuba y el Mundo | © 2019, Camagüey, Cuba.