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Viernes, 06 de Febrero de 2009 - 13:21:20 | 10550 | |

Cubitas: el más completo de los conjuntos con evidencias agroalfareras en Camagüey

En este artículo: Aqueología, agraoalfareros, sierra de cubitas, rolando escardó, antonio nuñez jimenez, manuel rivero de la calle, Siboney, Cayo Redondo



Por Roberto Funes Funes.

Cuevas del municipio camagüeyano de Sierra de CubitasPuede decirse que hay sitios de agroalfareros en todo el territorio de la actual provincia de Camagüey, excepto en las zonas bajas de la costa meridional, donde se ubicaron las comunidades paleolíticas pertenecientes al Siboney aspecto Cayo Redondo.


Pero hay dos áreas fundamentales de concentración de estos agricultores y ceramistas.

La primera es la que se extiende, en el actual municipio Esmeralda, desde el río Caonao hasta las proximidades del poblado de Tabor.

Hubo allí, sin dudas, una gran zona de vivienda, lo que se evidencia en una notable concentración de montículos que hacen del lugar denominado Cueva del Manatí, el mayor sitio de habitación de agroalfareros localizado hasta el presente en la provincia.

Dentro de dicha área, en la llamada Loma de las Tres Hermanas, hay un grupo de montículos de notable interés e importancia.

Dicho sitio, ubicado en las proximidades del caserío de Guaney, fue explorado primero por Rolando Escardó con el grupo “Yarabey” y luego por Antonio Núñez Jiménez y Manuel Rivero de la Calle, quienes  realizaron excavaciones en lo que llamaron “...un montículo representativo, de figura zoomórfica que representa en su conjunto un murciélago”.

Como producto de sus trabajos recogieron allí muchos fragmentos de cerámica e instrumentos de piedra y concha. Hay que decir que en ningún otro sitio del país hay otro lugar con semejantes características.

La segunda de éstas que llamamos áreas fundamentales, es la región de Cubitas, a la que se le clasifica de esa forma porque comprende tres zonas perfectamente diferenciables:

A.- Una llanura costera (entre el mar por el norte y la sierra de Cubitas por el sur), de suelos ferralíticos fértiles, carente de corrientes fluviales superficiales, pues éstas se infiltran rápidamente al substrato calizo carsificado, donde sí hay un poderoso manto freático subterráneo.

Allí se han encontrado, junto a lagunas o manantiales ocasionales, sitios de habitación en perfecta correspondencia con lo que los especialistas denominan patrón de asentamiento, que no es otra cosa -en este caso- que la ubicación de un lugar poblado junto a fuentes de agua y donde hay suelos agrícolamente utilizables.

Esos manantiales que inmediatamente van al manto subterráneo, afloran en los taludes de algunos niveles de terrazas marinas que, como una escalera, marcan el plano decreciente de inclinación hacia el mar de dicha llanura.

Los sitios de habitación encontrados e investigados se hallan en puntos relativamente equidistantes entre la costa y la sierra. En ellos se hizo recogida de material arqueológico de indiscutible factura agroalfarera, como cerámica y ajuar de piedra, concha y hueso, así como restos alimenticios tanto terrestres como marinos.

Resulta curioso que esos sitios se hallan en lugares donde la toponimia respetó vocablos aborígenes de raíz aruaca, formados con las mismas letras: Imías, Saimí y Maisí.

También aparecieron sitios funerarios, todos los cuales guardaban las características distintivas de ese grupo cultural, sobrte todo si establecemos que se trata de subtaínos, una etapa temprana de los agroalfareros, en la que según se ha podido concluír, no había hábitos generalizados de enterramientos, sino el típico lanzamiento de los cadáveres a grietas, furnias y cuevas.

Es en los sitios taínos, que en el momento del “descubrimiento” europeo empezaban a poblar el extremo oriental de Cuba, donde se hallan entrerramientos con toda la regla.

Aún así, ésta subdivisión es discutible, si nos atanemos a don Felipe Pichardo Moya, quien oportunamente indicó que “...estamos en presencia de una misma cultura, ya que nada en el ajuar arqueológico de uno y otro presenta diferencia de vida material o espiritual”.

Los restos humanos encontrados tienen, todos, la típica deformación fronto-occipital que, para diferenciarse como pueblo, se hacían artificialmente los agroalfareros antillanos.

B.- La Sierra de Cubitas: un conjunto de elevaciones que se desarrolla al sur de la llanura costera, con bordes abruptos o fuertemente inclinados. Está constituída íntegramente por rocas sedimentarias de yacencia horizontal o suborizontal. Esta cordillera está cortada en varios lugares por estrechas abras o profundos cañones conocidos por los vecinos como “pasos”, puesto que han servido desde siempre como vías de comunicación entre un lado y otro. Como en todo paisaje cársico, abundan las cuevas y furnias profundas, dolinas de disolución, valles ciegos y poljas. Las pendientes están cubiertas por suelo carsificado con carsolitos, sometidos intensamente a procesos de lavado deluvial, con afloramientos de lapiés o diente de perro. Geográficamente hablando, puede afirmarse que la Sierra de Cubitas en sólo unos sesenta kilómetros de largo de este a oeste, es un verdadero muestrario de accidentes espeleológicos y  geológicos, sin incluír la riqueza botánica de su bosque semicaducifolio o la de los micrclimas de sus profundos “hoyos”.

Numerosas cuevas de la sierra sirvieron como sitios ceremoniales a los aborígenes agroalfareros. En ellas hay numerosas manifestaciones del arte rupestre de estos aborígenes del neolítico antillano, similares en muchos rasgos a los que se hallan en otras cuevas cubanas y del caribe insular.

Sin embargo, en el caso específico de Cubitas, la asociación entre algunas de éstas pinturas parietales, con evidencias cerámicas encontradas en el piso de algunas de esas cuevas, ha permitido concluír que son las pinturas de Cubitas las únicas que hasta el momento han podido ser atribuídas a un grupo cultural en específico, en este caso a los agroalfareros.

En 1956 los doctores Núñez Jiménez y Rivero de la Calle, realizaron investigaciones en una cueva situada en lo alto del cerro Tuabaquey que ellos denominaron “Cueva Pichardo” en homenaje al insigne arqueólogo camagüeyano Esteban Pichardo Moya.

Con la colaboración de los integrantes del grupo de aficionados “Yarabey” localizaron una serie de pictografías “...entre las cuales se destacaba lo que parece ser una representación antropomórfica muy estilizada, y también varios fragmentos de burén así como una olla de barro no decorada, de factura aborígen, rota en pedazos”, según refieren Ernesto Tabío y Estrella Rey en su obra “Prehistoria de Cuba”.

C.- La tercera zona en Cubitas es una amplia extensión de sabanas en que predominan rocas sedimentarias como la serpentinita, con un suelo árido y de muy poca utilidad agrícola.

Se extienden desde la sierra por el norte hasta las proximidades de la ciudad de Camagüey, por el sur.

De estas tres zonas, pues,  las que poseen interés y valor para las investigaciones arqueológicas son la llanura septentrional, popularmente llamada “valle de Cubitas” y la sierra propiamente dicha.

Ambas conforman “...el más completo de los conjuntos con evidencias agroalfareras en el territorio camagüeyano”, según lo define el doctor Jorge Calvera Rosés, quien es uno de los arqueólogos que más profundamente ha estudiado dicha región.

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