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Viernes, 06 de Febrero de 2009 - 13:59:55 | 10522 | |

Cubitas: María Teresa y sus pinturas agroalfareras

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Por Roberto Funes Funes.

Cuevas del municipio camagüeyano de Sierra de CubitasMediante publicaciones y otras vías se reconocieron las pinturas rupestres de las cuevas de la cordillera camagüeyana de Cubitas -muy específicamente las de la llamada María Teresa- como manifestaciones del arte de los hombres primitivos, hecho que ocurrió con una antelación de casi dos décadas con respecto a la primera referencia europea de dibujos similares.


En 1839 se publicó en las Memorias de la Real; Sociedad Patriótica de La Habana un artículo en que se decía que aquellos trazos eran "...obra de los antiguos (...) porque no pueden ser otra cosa"; y que un año después la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda le pidió, desde Sevilla, a un pariente suyo en esta localidad, datos sobre ese asunto, los cuales utilizó para ambientar un capítulo de su novela "Sab", publicada en 1841, donde habló de ciertas "...pinturas bizarras (...) obra de los indios". Así, en 1844 y 1847, dos publicaciones volvieron a patentizar que se trataba de "...jeroglíficos de los indígenas" y "escrituras de los indios".

Mucho después, en 1878, se produjo el hallazgo de las pinturas de la cueva de Altamira, en España, calificados como "...el primer paso firme en la búsqueda del espíritu artístico de nuestros antepasados", sin alusión alguna a lo revelado en nuestra entonces oscura colonia americana de España; aunque no fue hasta 1901, tras las revelaciones de Marsoulas y Cambarelles, en Francia, que se les reconoció definitivamente por las entidades científicas.

Cubitas es el más completo de los conjuntos arqueológicos con evidencias de culturas agroalfareras en el territorio camagüeyano y numerosas cuevas de esa cordillera sirvieron como sitios ceremoniales.

En ellas hay numerosas similares en muchísimos rasgos a los hallados en otras cuevas cubanas; pero en ninguna, como en éstas, su asociación con el material cerámico encontrado en el suelo, ha permitido atribuírlas a un grupo cultural, en este caso con el de los agricultores y ceramistas.

De manera que son las únicas pictografías cubanas calificadas como realizadas por hombres del neolítico antillano pertenecientes a esa cultura.

El caso de María Teresa es particularmente curioso porque para muchos investigadores del Siglo XX las conocidas referencias fueron consideradas como pura ficción literaria o, simplemente, falsedades, debido a que la cueva estuvo perdida por más de una centuria en las maniguas de la cordillera.

A instancias del espeleólogo Eduardo Labrada Rodríguez fue promovida entre numerosos grupos de aficionados, su búsqueda.

En 1974 los integrantes de un círculo de interés de una escuela de nivel medio de nuestra capital provincial encontraron una cueva sobre la que informaron solamente que había firmas en sus paredes.

En su obra Cuba: dibujos rupestres, el doctor Antonio Núñez Jiménez destaca que "...Labrada tuvo la intuición de que pudiera ser la descrita por La Avellaneda, lo que pudo comprobar después".

Posteriormente la cueva ha sido estudiada en profundidad. Está situada en las faldas meridionales de la Sierra de Cubitas, a 120 metros de altitud sobre el nivel medio del mar, en la llamada Loma del Mirado de Limontes, en la finca La Caridad, del antiguo barrio El Corojo.

Se trata de una sola y amplísima grieta de unos tres metros de altura que desciende con 40 grados de inclinación siguiendo la estratigrafía monioclinal de unos estratos casi marmóreos del Cretático.

El doctor Núñez Jiménez indica que "...las pictografías precolombias aparecen frente a la boca principal, en el salón superior. El mural aborigen (tiene) un largo de 10,27 metros (...) pudiéndosele considerar dividido en dos: el primero comporende 2,75 metros y aparece pintado enla pared. En un bajante del techo (...) la segunda parte del mural tiene 3,52 metros de largo, aunque en general muchas figuras aparecen entrelazadas, formando como una cenefa".

Es éste detalle el que nos confirma que se trata de María Teresa. La Avellaneda había escito que "...en sus paredes se advierte, a todo lo largo, una cenefa igual a las de algunas de nuestras habitaciones" y en el artículo ya referido de las llamadas "Memorias..." se afirma que "...se pasea sin necesidad de luz artificial", lo cual es exacto.

Si atendemos a las referencias sobre "...las paredes, llenas con los nombres de los visitadores", hay allí en realidad muchísimas, como la curiosísima del 16 de noviembre de 1885 en que "por la tarde" llegaron ocho hombres entre vecinos de Puerto Príncipe e integrantes de la "Guerrilla del Rey".

Son todos éstos, elementos para tener en cuenta, a pesar de que no se asemeja ni por asomo a la que describió la autora de "Sab" al hablar de "...la undécima sala", cuando no hay sino dos o, a lo sumo, tres salones ninguno de los cuales merecería por su irregularidad a ser catalogados como tales; aunque una novelista no podría situar a los personajes de una bella novela romántica en una fea grieta con piso accidentado.

En el conjunto de las cuevas de la Sierra de Cubitas existe un numeroso grupo de figuras antropomorfas que, por su reprsentatividad naturalista, fueron evidentemente hechas más para describir que para comunicar. Ya A. Houghton Brodrick en su obra La pintura rupestre, se refirió a que los pictogramas en general, pintados con esmero y detenimiento para ser utilizados como "guías en las ceremonias mágicas"; pero dentro de éstas hubo otras que "...formaban parte de un incipiente sistema ideográfico que no había alcamnzado aún suficiente regularuidad y estructura como para considerarlo como escritura ideográfica".

José Manuel Guarch y Caridad Rodríguez en su estudio titulado "Los pictogramas cubanos como un posible sistema ideográfico", señalan que "...se pueden reconocer elementos pictográficos que debieron servir para expresar ideas de los grupos indocubanos en forma gráfica; lo cual lo identifica, en esencia, con todas las expresiones mundiales de dicha escritura".

Algunos trazos, sobre todo del segundo mural de la cueva María Teresa presentan rasgos de un altísimo nivel de estilización, coincidentes con otros muchos que se hallan en cuevas cubanas, antillanas y de lejanas regines del mundo, donde hombres del Paleolítico y del Neolítico comunicaron más que representaron.

Ese es un impresionante punto en que las investigaciones arqueológicas trabajan actualmente, desentrañandolo ignoto de un pasado que, no por perdido en el tiempo, puede ser abandonado al olvido.

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