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Radio Cadena Agramonte
Viernes, 15 de Junio de 2012 - 12:30:40 | 1924 | |

La luminosa estela de las hermanas Giralt

En este artículo: 15 de junio de 1958, Día de los Padres, Fulgencio Batista, crímenes, indefensas mujeres, María de Lourdes, Cristina Giralt Abreu



En la noche del domingo 15 de junio de 1958 -Día de los Padres-, esbirros al servicio de  Fulgencio Batista adosaron a su sangriento dossier uno de sus crímenes más aborrecibles y cobardes, perpetrado contra dos jóvenes e indefensas mujeres.


Naturales de la ciudad de Cienfuegos, las hermanas María de Lourdes y Cristina Giralt Abreu, de 22 y 28 años respectivamente, laboraban en las oficinas de la Concretera Nacional S.A., y residían en el apartamento 42, del edificio ubicado en la intersección de las calles 19 y 24, en el Vedado habanero.

En la Perla del Sur ambas se habían iniciado como colaboradoras activas de la Resistencia Cívica del Movimiento 26 de Julio, labor revolucionaria que continuaron al trasladarse a La Habana, donde repartían propagandas y bonos, confeccionaban botiquines y cooperaban en el traslado de armas.

Ninguna de las dos sabía que, en el propio piso se hospedaban temporalmente los combatientes Eduardo García Lavandero, Enrique Rodríguez y Faure Chomón, integrantes del Directorio Revolucionario (DR), quienes llegados del Escambray fraguaban ejecutar diversas acciones clandestinas.

Precisamente, el 13 de junio, hacía solo dos días, Santiago Rey Pernas, -entonces secretario de Gobernación-, había sido blanco de un fallido atentado en la esquina de 23 y L, hecho que dio lugar a operativos, detenciones e interrogatorios los cuales condujeron a los esbirros al inmueble de 19 y 24.

Comandados por una de las hienas más sangrientas de la dictadura, el coronel Esteban Ventura Novo, los sicarios se agazaparon a lo largo de escaleras y ocuparon algunos apartamentos del edificio a la espera de los combatientes del DR. Pero estos no retornaron a ese escondite.

Ajenas a los últimos acontecimientos, las hermanas Giralt habían pasado en Cienfuegos el Día de los Padres junto a la familia. Al filo de las nueve de la noche se acercaban a la entrada de la edificación, cuando una voz de la vecindad les alertó sobre la emboscada policial.

Demasiado tarde. Desde la oscuridad, el diluvio de plomo congeló la sorpresa y los gritos de las dos muchachas quienes cayeron abatidas en el umbral de su hogar, y también de sus vidas.

La núbil y alegre María de Lourdes recibió 13 balazos, mientras que la responsable y organizada Cristina sufrió el impacto de nueve disparos. Sus cuerpos fueron arrastrados y literalmente tirados en la parte trasera del carro patrullero.

Cuentan que al salir del edificio, completamente ataviado de blanco, Ventura Novo se detuvo y pateó con saña un pequeño mocasín ensangrentado y negro, como sus propias entrañas. A continuación se agachó, limpió su zapato con un pañuelo, y lo dejó caer en medio del charco de sangre.    

En los estertores de la tiranía batistiana, cuando el Ejército Rebelde desarrollaba batallas decisivas que conducirían a la ofensiva final, las hermanas Giralt iluminaron el camino hacia la victoria. Seis meses después de la masacre, las triunfantes fuerzas revolucionarias irrumpían en La Habana. (Por Pausides Cabrera Balbi/ Servicio Especial de la AIN). 


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