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Lunes, 14 de Julio de 2014

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Viernes, 09 de Noviembre de 2012 - 04:00:00

El tren que pudo haber salvado a Santa Cruz del Sur en 1932



Por Lázaro David Najarro Pujol/ Radio Cadena Agramonte.

En 1932 la muerte del pueblo no importó al Gobierno de turno.

Durante años estuve buscando la confirmación del testimonio de Ramón Guerra Cabrera (Mongo “El Jaco”), que atestiguaba que muchas de las víctimas del huracán del 9 de noviembre de 1932 se debieron, entre otras causas, a la negativa de la compañía norteamericana de los ferrocarriles de autorizar la salida del tren de auxilio hasta tanto las autoridades de Santa Cruz del Sur corroboraran el pago de 500 pesos para socorrer a decenas de personas que se refugiaban en los vagones ferroviarios.


La información la confirma Regino Avilés Marín, quien añade que su tío Rafael Olegario Marín Placeres (1896-1985), maquinista de Primera Clase de los Ferrocarriles Consolidados de Cuba, le narró que él estaba realizando el itinerario en el tren Camagüey-Santa Cruz del Sur y que en esos días del huracán estaba listo un grupo de maquinistas y fogoneros de reserva para cualquier eventualidad en las líneas. Esta es la historia hasta ahora aparentemente desconocida.

II
Rafael Olegario Marín Placeres espera la orden para conducir su locomotora hacia el puerto de Santa Cruz del Sur, amenazado por un terrible huracán. Es el 9 de noviembre de 1932. Viste un overol azul con tirantes, chaqueta de mangas largas del mismo color con botonadura dorada y la gorra reglamentaria. La locomotora había entrado en el andén de la colonial Estación Central de Camagüey. El tren de pasajeros había llegado de Nuevitas.

El maquinista extrae de su bolsillo un reloj Watlam de oro macizo para comprobarlo con los relojes que están en el andén. Alto y grueso, se nota intranquilo. Le preocupa la espera. De vez en vez pronuncia algunas palabras en un perfecto inglés, como hablando consigo mismo. La compañía ferroviaria exige el pago de 500 pesos por el servicio del tren de auxilio.

III

El huracán de categoría 5 (en la escala Saffir-Simpsom) avanza al oeste, entre el Cabo Gracias a Dios -en Nicaragua- y Jamaica, en busca de Centroamérica; pero pronto, en forma de recurva cerrada, se desvía al norte nordeste y se ubica a 150 millas al oeste de Punta Negra, en Jamaica, por lo que la provincia de Camagüey se reporta entre los territorios de mayor peligro.

El meteoro presenta vientos sostenidos de 222 kilómetros por hora, la velocidad de traslación es de 22 y el diámetro del vórtice de 66 kilómetros.

En Santa Cruz del Sur se comienzan a sentir los efectos del fenómeno atmosférico. Tarde en la noche cae una leve llovizna y las nubes cubren la claridad de la luna y las estrellas.

El parte del Observatorio Nacional llega por telégrafo en la madrugada del 9 de noviembre. No hay tiempo para adoptar medida alguna. Pronto el mar toma posiciones en las zonas más bajas de la larga calle de la Marina y en los callejones perpendiculares.

IV

Este vagón tenía 150 personas en su interior.

En el muelle ha quedado una casilla del ferrocarril. Son las 8:00 de la mañana. La gente se protege en el vagón de carga, con un peso superior a las cinco toneladas. Unas 42 personas se reúnen allí, entre ellas las familias de Salvador Furiach, Eliécer Betancourt y otras más.

Una ola gigantesca entra a la casilla. Minutos antes, Eliécer había dado la orden de que se abriera la otra puerta para no hacerle resistencia al mar y al viento, y el agua pudiera entrar y salir libremente. En el way hay 40 casillas más que no pueden resistir la furia del viento y del mar.

Escuchan los gritos aterradores de las mujeres, los niños y los hombres hasta que son apagados por el agua. Ven pasar encima de un piano a una mujer completamente desnuda y aterrada.

Como hoja de papel, un vagón de carga con 150 personas en su interior es levantado por la furia del agua y el viento.

Ángel Córdova ve morir a muchas de las personas que había conocido. Las ve morir con gran desesperación en sus rostros. Su suerte es distinta. Sólo la casilla en la que él se encuentra, en espera del tren de auxilio, no es virada por las fuerzas del mar y el viento. Como una locomotora invisible el viento empuja la casilla por los rieles.

La mole de aire que mueve al meteoro se calcula en más de un billón de toneladas. En solo dos horas el huracán cobra decenas de víctimas.

El mar sube en Playa Bonita a seis metros de altura y continúa avanzando por tierra firme 25 kilómetros, con su carga de muerte.

A las 12:00 del día hay una tregua, y de nuevo el huracán se ensaña con la gente. Unas olas inmensas acaban de destruir lo que quedó en pie del poblado, con la excepción de una casona de madera, de dos plantas que resiste la furia de las aguas y el viento durante estas horas infernales.

V

El huracán del 9 de noviembre de 1932 recorre con rapidez la provincia de Camagüey de sur a norte. Deja tras sí una huella de destrucción, dolor y muerte. Los fuertes vientos, las lluvias y las olas continuarán buscando nuevas víctimas rumbo a las islas Bahamas. Deja cicatrices profundas en aquella gente.

La compañía del ferrocarril no envía la locomotora. Santa Cruz del Sur se convierte en un cementerio de cadáveres. Sobre su tierra quedan arenas, columnas rotas, y pisos de cemento fracturados por las fuerzas del mar. Y entonces “... la muerte del pueblo fue como siempre ha sido: como si no muriera nadie, nada, como si fueran piedras las que caen sobre la tierra, o agua sobre el agua." (Pablo Neruda).

Rafael Olegario Marín Placeres fue testigo de que el tren de auxilio no salió hasta el día 10. Transportó hacia Camagüey a muchos heridos en estado grave como consecuencia de los efectos del huracán, la sed, el hambre y la desesperación.

En Santa Cruz del Sur el huracán causó cerca de cuatro mil víctimas entre muertos y desaparecidos, de los más de cinco mil habitantes que residían en el sureño poblado camagüeyano. Resultó la mayor tragedia natural en la historia de Cuba.

En el cementerio que se construyó en el nuevo poblado, después de la catástrofe, se erige un panteón en homenaje a los que perdieron la vida el 9 de noviembre de 1932.

Tiene forma de octaedro, está revestido de azulejos blancos y protegido por cadenas. Al fondo, en la tapa de mármol blanco que cubre la entrada de la sepultura, se lee un texto grabado en el que se implora al cielo paz eterna.

Separado unos metros del panteón, al fondo, se levanta una cruz de madera y metal de más de seis metros de altura que completa el conjunto funerario.

Al cementerio local, año tras año, gran parte de la población santacruceña y foránea asiste en peregrinación el 9 de noviembre, a rendir tributo a los que perdieron la vida. El cortejo, que ya es tradición, inicia su recorrido desde el Parque Central de Santa Cruz del Sur acompañado por la Banda de Concierto.

Nuevamente La Playa es devastada por otro huracán.

El 8 de noviembre de 2008, 76 años después de aquel desastre, el poblado de Santa Cruz del Sur fue azotado por el huracán Paloma, de categoría 3 (en la escala Saffir-Simpsom).

Y nuevamente el poblado de pescadores resulta devastado por las olas del mar y los vientos sostenidos, especialmente en la zona de La Playa. Pero en esta oportunidad ni una sola persona falleció. Decenas y decenas de medios de transporte acudieron muchas horas antes a socorrer y trasladar a lugar seguro a los evacuados.


Reparto Aniversario 50 del triunfo de la Revolución

Para ellos se erigió una comunidad con carácter temporal, y retornaron al terruño. Luego el Estado cubano construyó el reparto “Aniversario 50 del triunfo de la Revolución”, a casi 5 kilómetros del litoral. Allí viven hoy muchos hombres de mar,  que añoran el rumor de las olas y el cercano olor del salitre, pero que se saben protegidos ante cualquier fenómeno climático, como aquel de 1932, que tan tristes recuerdos provoca todavía en Santa Cruz del Sur. (Fotos: autor y archivo).



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