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Lunes, 23 de Diciembre de 2013 - 00:00:00 | 4858 | |

Ignacio Agramonte: heroico hijo de Cuba

En este artículo: Carlos Manuel de Céspedes, Salvador Cisneros Betancourt, Calixto García



Por Cilio Díaz.

Cuando el 23 de diciembre de 1841 nació en Puerto Príncipe (hoy Camagüey) Ignacio Agramonte y Loynaz, Carlos Manuel de Céspedes tenía 22 años de edad; 14 Salvador Cisneros Betancourt; 5 Máximo Gómez; 2 Calixto García y 4 años después vendría al mundo Antonio Maceo.

¡Rica pléyade de hombres que todo lo dieron por la independencia de la Patria: riquezas, sacrificios inmensos, y algunos su propia vida en los campos de batalla! De familia sin estrechez económica, la niñez del futuro Mayor General del Ejército Libertador fue tranquila.

Estudió en su natal Puerto Príncipe hasta 1855 y luego en Barcelona, España, hasta 1857.

A su regreso a Cuba ingresó en la Universidad de La Habana, en la Carrera de Leyes, donde fue investido como licenciado en Derecho Civil y Canónico el 11 de junio de 1865. Fue en el antiguo Convento de Santo Domingo donde, el 22 de febrero de 1862, en un ejercicio académico sabatinal, en varios momentos de su intervención aludió al régimen español, la falta de libertades, de derechos y de justicia, indicando en su parte final la necesidad "de un cambio revolucionario de la sociedad en Cuba". Esta disertación es considerada un discurso revolucionario.

Luego de ejercer como Juez de Paz en el barrio capitalino de Guadalupe, el joven Agramonte retornó a su Camagüey natal. El primero de agosto de 1868 contrajo matrimonio con Amalia Simoni Argilagos, culta principeña a quién consideró su ángel idolatrado.

El 11 de noviembre de este mismo año, se incorporó directamente a la lucha contra el colonialismo español.

Según la descripción de su compañero de aula y de armas, Manuel Sanguily,  Ignacio Agramonte "era un hombre de aventajada estatura y aspecto muy distinguido y airoso. De finísimo cutis; nariz aguileña y fuerte; los ojos negros, lánguidos y hermosos; larga la sedosa cabellera y sombreada; el labio superior ligero de bozo. Tenía el aire juvenil de un doncel de leyenda".

Por el éxito de la guerra regional librada en la provincia de Camagüey en favor de la libertad e independencia de Cuba, José Martí al referirse al héroe destacó: "(...) Aquél que, sin más ciencia militar que el genio, organiza la caballería, rehace el Camagüey deshecho, mantiene en los bosques talleres de guerra, combina y dirige ataques victoriosos, y se vale de su renombre para servir con él al prestigio de la ley, cuando era el único que acaso con beneplácito popular, pudo siempre desafiarla".

Entre los años 1870 y 1871 la Revolución en el Camagüey atravesó momentos muy difíciles debido a la carencia de recursos militares y otros obstáculos materiales. Agramonte, alejado durante 9 meses del mando militar de los camagüeyanos por discrepancias con el gobierno civil, a petición del presidente Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, reasumió la jefatura militar el 13 de enero de 1871.

Comenzará para él, "su ascensión continua hacia la perfección moral y patriótica", como escribiera Manuel Sanguily, hermano del brigadier rescatado. Con su divisa de que "organizar y disciplinar el ejército es prepararlo para la victoria", el jefe mambí frena la difícil situación del campo insurrecto y, con genio, valentía, fe inquebrantable y ejemplo persona, logra recobrar la iniciativa táctica en el territorio bajo su mando.

Los traidores y los que dudaron del éxito de la lucha quedaron en el regazo de los triunfos de la caballería Agramontina. Hechos de armas como el rescate del brigadier Julio Sanguily, el ataque a la torre óptica de Colón o la resonante victoria del Cocal del Olimpo, a las puertas de la ciudad de Puerto Príncipe, entre más de 100 acciones de guerra, lo demuestran. En noviembre de 1871 surgió la célebre frase "Con la Verguenza...", única respuesta de El Mayor para coartar las intenciones reformistas y opositoras a la Revolución.

En julio de 1872, "El Mayor" escribía a un amigo en Nueva York: "La Revolución vive, y con elementos para una larga vida, marcha tenazmente hacia su objetivo. ¿Qué importa que muchos traidores hayan abandonado la causa del honor y manchado su nombre para siempre?.  Todavía quedan aquí muchos hombres honrados a quienes alienta el inquebrantable empeño de ser libres que jamás se pasarán al enemigo".

Hace ahora 130 años, el 11 de mayo de 1873, en el potrero de Jimaguayú, a unos 38 kilómetros al sur de su ciudad natal, caería en combate El Mayor, contando 31 años, 4 meses y 18 días de vida.

Máximo Gómez lamentaría no haberlo conocido, "El Fanal", periódico de la reacción, lo señalaría como "la figura más prominente, el jefe más caracterizado, el caudillo más tenaz y animoso de la insurrección", y Céspedes se unió "al tributo de admiración que Cuba rinde a las hazañas de su heroico hijo".

Sirvan de colofón estas palabras de Agramonte la víspera de su muerte en una arenga a la tropa:

"...La más alta y noble misión del hombre es el trabajo, cimiento de la sociedad y único medio de conquistar una patria honrada, que es el fin del programa que nos ha arrastrado llenos de animosa fe a estos turbulentos campos para convertirnos en obreros de la Humanidad. (Imagen: Archivo.)

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