Jueves, 02 de Abril de 2020
Radio Cadena Agramonte
Lunes, 10 de Mayo de 2010 - 19:17:47 | 9715 | |

Máximo Gómez, El Generalísimo, Cuba y la familia

En este artículo: Máximo Gómez, El Generalísimo, Cuba, manigua, Panchito, General Gómez, Pacto del Zanjón



Tras la piel de un combatiente siempre hay una familia. Una mujer que aguarda, los hijos que nacen y crecen y sufren también el destino del padre, como sucedió a la prole de Máximo Gómez.



Porque aquel hombre curtido en los campos de batalla que solía encabezar el contingente mambí, y combatir en la vanguardia, sin temer a las balas ni a los aceros enemigos, muchas veces sintió temor, un miedo infinito no por la suerte personal de su vida, sino por los pequeños retoños concebidos con su Manana en la manigua, al pie de arroyos y ríos, en cuevas y montañas, en medio de la incertidumbre y sometidos al acoso del enemigo, especialmente de la barbarie del Conde de Valmaceda.

En los potreros de La Reforma vio nacer a su Panchito. En otros montes a su Clemencia adorada, la mayor de las niñas, esos dos hijos de sus entrañas que lograron sobrevivir días de guerra y de destierro, así como los otros, muertos de hambre y de enfermedades, ya en medio de los ardores de la guerra o en tierras de Centroamérica y las Antillas, víctimas no sólo del mal que les aquejaba sino, esencialmente, del hambre y la miseria.

Porque se suele olvidar, muchas veces, al soldado invencible que fue el Generalísimo en las dos etapas de la guerra por la independencia de Cuba.

Fue igualmente un padre amoroso, y un esposo dedicado y tierno que, como con otras familias mambisas, avanzaba en medio de la contienda con lo que él solía llamar "la impedimenta", con esa república de flor, armada por las familias que en el gesto simbólico de la quema de Bayamo construían a Cuba sobre la tierra virgen y bajo las palmas y las estrellas.

Los familiares de su esposa, los Toro, se sumaron a la guerra de independencia y cayeron en la contienda la mayoría de los hermanos de Manana: Joaquín, Antonio, Marcos, José, Ramón y Fernando, quien fue ayudante del General Gómez. Solo sobrevivió Sixto, quien más que un cuñado fue un amigo, el consuelo del padre ausente en muchas y peligrosas ocasiones.

De las hermanas de doña Bernarda fallecieron durante la contienda Elena, Eduviges, Teodora y Tomasa. Sobrevivieron Juana, esposa del comandante Manuel Calás, y la propia Manana.

Porque si alguna alegría le deparó la vida al Generalísimo fue esa, la de haber encontrado en medio de la primera guerra, la que todos llamaron la Guerra Grande, a la compañera de su vida, fiel y estoica ante las adversidades, la misma que secundó sus sacrificios, resistió la persecución de los batallones españoles, y apuró el cáliz de la derrota, tras el Pacto del Zanjón.

La Manana que habitó la pobreza sin una queja, y cuidó de la prole, mientras veía cómo enfermaban y morían sus hijos en Jamaica o en Honduras, la que alimentó el hogar durante los largos períodos de ausencia del padre, durante aquellos 17 años de destierro.

La misma heroica combatiente cubana que, amorosa de su esposo y de sus hijos, los entregó a Cuba, como un tributo.

Y vio cómo cuando parecía alcanzada la estabilidad familiar, y en equilibrio su pobre economía, el esposo volvía a partir hacia la guerra, ya hombre que comenzaba a envejecer, para materializar los sueños de tres décadas, y le dejó partir junto a Martí, como después vio que seguía las huellas del Generalísimo esa flor de amor y de valor que fue Francisco Gómez Toro, el mayor de sus varones. (Servicio Especial de la AIN).

 

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