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Radio Cadena Agramonte
Sábado, 24 de Junio de 2017 - 00:00:00 | 1192 | |

TrumPASO atrás

En este artículo: Camagüey, Cuba, Estados Unidos, relaciones bilaterales, Injerencia imperialista, Donald Trump



Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.

Si Barack Obama pedía un borrón de la Historia y cuenta nueva en las relaciones de Cuba con los Estados Unidos, Trump no pensó igual y retrocedió a la época de las derrotas contrarrevolucionarias con el apoyo de 12 emperadores yanquis, y quiso construirle a sus veteranos “héroes” de la Brigada 2506 una victoria pírrica.

De todas formas, el propósito solapado del Premio Nobel de la Paz y el explícito del actual negociante bélico hacia Cuba, es el mismo que denunciaron Bolívar y Martí acerca del prepotente “gigante de siete leguas”.

Mas, la Historia no se puede olvidar, y menos la de esta isla: los mercenarios llenos de resentimientos y rabia quedaron en menos de 66 horas, aunque causaron dolor y muerte en la población civil de la Ciénaga, porque adolescentes rebeldes y hombres milicianos, patriotas de verdad, enfrentaron la invasión mercenaria y vencieron a vendepatrias, pilotos norteamericanos y asesores USA de los pertrechados buques de guerra incluidos.

Comenzó con la Operación Pluto firmada con la CIA por el presidente Eisenhower en 1960 y ejecutada  por John F. Kennedy; enroló a asesinos de la dictadura de Fulgencio Batista y contrarrevolucionarios de toda catadura social, hasta hijos de papá y mamá que huyeron con las maletas llenas de dinero hacia el seguro refugio de Miami.

En ese desprestigiado escenario, con recalcitrantes personajes de la  agresiva fauna, el hombre- show Presidente de la minoría norteamericana montó su comedia de ofensas al mismo pueblo y herederos de aquella victoria de Playa Girón, que se logró corajudamente al costo de vidas civiles y milicianas.

Trump destronó los “avances” de la estrategia blanda del ex-presidente Barack Obama que —según el propio Nobel de la Paz— respondía a un cambio de política: como a las malas no se pudo, con ese acercamiento se podría implantar la democracia y los derechos humanos made in USA en la “desmemoriada” Isla. La anexión era segura.

Algunos cubanos de los nuevos tiempos y también de los viejos, cansados del histórico enfrentamiento contra un enemigo hostil y perseverante, se esperanzaron con el supuesto espejismo de tranquilidad y progreso prometido.

Olvidaban la base naval ocupada por marines en el sur de Guantánamo; la ubicación de Cuba como el único país en el mundo declarado “enemigo” de los Estados Unidos para las relaciones comerciales, y el innegable hecho de que Obama apretó más que ningún otro mandatario la tuerca del bloqueo y el castigo a terceros países que se acercaran a la mayor de las Antillas.

Desde luego, los acuerdos migratorios, la apertura de las relaciones entre ambos pueblos y la esperanza de la colaboración en condiciones de igualdad y respeto a la autodeterminación entre ambas naciones vecinas, perfilada por el primer Presidente estadounidense negro para el diálogo tras la apertura de embajadas, en nada riñen con los principios de la Revolución cubana.

Sin embargo, enardecido por la minoría miamense anexionista, que prefiere a Cuba desaparecida de la faz de la Tierra o de vuelta al casino mundial y prostíbulos-tur, Trump pretende cercar, una vez más a los cubanos, matarlos de hambre y enfermedades por falta de medicamentos, para después implantar los derechos humanos en versión USA: drogas y tiroteos en las escuelas de cualquier enseñanza, explotación laboral  y prostitución infantil, despidos masivos, cacería de negros, clubes y playas privadas, en fin, lacras todas derrotadas por los cubanos en Playa Girón.

En Cuba encontrar un Héroe es común, en un barrio, en las regiones montañosas y los llanos: los hay del asalto al cuartel Moncada, el desembarco del Granma, la Lucha Clandestina, la Sierra Maestra, Girón, de la Crisis de Octubre, internacionalistas, anónimos combatientes de la Seguridad del Estado.

También, Héroes del Trabajo, de las riesgosas campañas solidarias en el campo de la Salud, como la que enfrentó al ébola en África, en desastres naturales como el de Pakistán, o los de la brigada Henry Reeve creada por Fidel, que estuvieron dispuestos a partir hacia el sur de los Estados Unidos azotado por el huracán Katrina, y el Gobierno estadounidense no aceptó esa ayuda.

En Cuba por doquier hay héroes y hasta las amas de casas son heroínas ante el brutal y genocida bloqueo que el pueblo cubano,  ahora ofendido y desestimado por Trump, ha vencido por más de 58 años de Revolución.

Si la metedura de pata de Donal Trump hacia Cuba hubiera ocurrido en las arenas movedizas de la Ciénaga de Zapata (remember), se hubiera enterrado hasta la mismísima cabellera rubia, pero sucedió en Miami, en el estercolero de la Brigada 2506, un barril sin fondo de la escoria que vive y vocifera amparada en un himno y una bandera ajenos que jamás, en son de guerra, volverán a la tierra de Martí, Maceo, Gómez,  Agramonte,  Camilo, Che y Fidel.

Gracias Trump, por tocar a arrebato y despertar a quienes por algún instante se durmieron con los cantos de sirena provenientes del norte “revuelto y brutal que nos desprecia”, como advirtió el Apóstol de la independencia hace dos siglos; y de allá hasta acá poco ha cambiado en las pretensiones injerencistas y anexionistas de Estados Unidos. (Imagen: http://www.tvavila.icrt.cu)

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