Martes, 21 de Mayo de 2019
Radio Cadena Agramonte
Miércoles, 20 de Febrero de 2019 - 09:09:34 | 449 | |

El referendo cubano no necesita pasquines ni fanfarrias

En este artículo: Camagüey, Cuba, Constitución de la República, Carta Magna, Referendo popular



Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.

Quienes transitan por la séptima década de vida conocen de los fraudulentos comicios de la Cuba anterior a 1959; los menos veteranos seguramente escucharon historias de padres y abuelos o, sencillamente, si leyeron esos pasajes vergonzosos precedentes a la Revolución, saben del aparataje propagandístico y de incumplidas promesas electoreras de los “propuestos y elegidos” por los “diversos partidos políticos”, cuando ganaban en urnas amañadas los más adinerados.

Con guayaberas de hilo y trajes blancos de dril cien, sombreros de pajilla, cadenas de oro macizo y llevando entre los dedos ensortijados con agua marina el mejor tabaco del mundo, aparecían los “postulados” en los pasquines de colores, o en una tribuna, para ofrecerles villas y castillas a quienes desde abajo los vitoreaban, pagados para hacerlo y formar la algarabía.

“Hasta hacemos el puente”, prometía un candidato de aquella época... “¡Pero si aquí no hay río! (gritaron los de abajo en un lugar olvidado), y la respuesta del demagogo político resultó antológica: “¡Pues hacemos el río!”.

Las células se compraban también, promesa mediante para una beca de cualquier niño de la familia pobre, sin escuela; la cama de un hospital público para atender a un pariente famélico o en fase terminal de tuberculosis, enfermedad agravada por la desnutrición. En fin, estudiar, recibir un servicio médico o conseguir trabajo eran exclusividades electoreras para ganar votos en aquellos comicios donde hasta los muertos figuraban en los registros.

Hace más de 60 años, el 1ro de enero de 1959, todo ese estado de cosas de los desgobiernos anteriores comenzó a cambiar, con la puesta en práctica del Programa del Moncada, liderado por Fidel.  Hoy muchas de las generaciones de cubanos de las historias narradas ven como suyos los derechos con los que regateaban los politiqueros de entonces, quienes utilizaban para su propaganda electoral la Constitución de 1940, de carácter democrático-burgués, firmada el 1ro de julio  de ese año en Guáimaro y considerada la más avanzada de su tiempo en América; solo que era letra muerta respecto a los derechos populares.

Para quienes habitamos hoy este archipiélago existe una exclusividad: la nueva Constitución de la República de Cuba no solo fue aprobada por los diputados de la Asamblea Nacional (Parlamento) elegidos por el pueblo, sino que se sometió a debate y modificación popular y, como si fuera poco, será llevada a referendo este 24 de febrero.

¿Su contenido? La vida misma, los derechos, deberes y anhelos pendientes de todos los cubanos, sin distingo de clases sociales ni religión. Dar el Sí por ella significa consolidar la tranquilidad y el bienestar de la familia, del barrio, de la provincia y el país con mayor seguridad ciudadana del mundo.

Validarla es aprobar el presente y futuro de nuestros hijos y nietos, es agradecer a la Revolución este Programa sostenido del Moncada, conquistado en la sierra y el llano frente a la sangrienta dictadura de Batista y los sumisos gobernantes entreguistas, plegados a los designios de Estados Unidos, el mismo Imperio que nos invadió por Playa Girón, que nos cercó con misiles y buques de guerra en la Crisis del Octubre, que nos acosa y bloquea; los mismos imperialistas que amenazan hoy a la paz en todas parte y quieren traer la guerra a la América toda de Bolívar y Martí.

Antes de emitir el voto por el referendo, hay que reflexionar si queremos que Cuba deje de ser martiana y fidelista, deje de ser libre y soberana de los cubanos para convertirse en colonia USA, como el hermano estado de Puerto Rico, aún parcialmente apagado y maltrecho por los huracanes del 2017 e impedido por los Estados Unidos de recibir la ayuda de las naciones solidarias.

Las verdades de la Revolución, de esta Isla bloqueada pero invicta, son suficientes para refrendar su nueva Carta Magna, la que se parece a la vida, al quehacer presente y los proyectos futuros de sus habitantes, que no quieren volver al pasado. (Collage: Redacción Digital RCA)

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