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Alicia: la leyenda en zapatillas de punta

En este artículo: Camagüey, Cuba, Alicia Alonso, Deceso, Ballet, Giselle, musa



Por  Fausto Triana/Prensa Latina.

Alicia Alonso ya no está, Giselle ha perdido a su musa.

A propósito de sus 90 años de edad, me tocó cubrir los homenajes que se realizaron en París, Francia, una de las máximas catedrales del ballet clásico en el mundo. De aquel recuerdo y extraordinaria vivencia de la singular bailarina cubana, algunos pasajes.

Decían que El lago de los cisnes se había concebido para Anna Pávlova, por aquellos movimientos gráciles de sus brazos. Después la imitaría Maia Plisevskaia.

Empero, el virtuosismo también nace en geografías pequeñas y sin una verdadera tradición cultural hasta ese entonces. Alicia Alonso, habanera, cubana de pura cepa, es todavía considerada la Giselle de todos los tiempos.

Para Pávlova, el coreógrafo Michel Fokine creó La muerte del cisne y aunque también descolló en Las Sílfides y Coppelia, no alcanzó la excelencia de Alonso en Giselle, me repetían mis apasionados tíos amantes de la danza.

No eran los únicos en pensar así

Prima ballerina assoluta de Cuba, estuvo en Enghien-les-Bains, en la periferia de París, para recibir un homenaje.

Debió sustituir a la inglesa Alicia Markova (indispuesta) con el American Ballet Theater, el 2 de noviembre de 1943, el día que ascendió a la cumbre de los elegidos de la danza. Entre primeras bailarinas fue la única que se dijo dispuesta a asumir la responsabilidad.

Ensayó 24 horas seguidas Giselle y el éxito fue resonante. Tenía una expresión perfecta entre el lirismo con aires latinos y la impronta teatral de un histrionismo de primera línea.

“Estaba en mi camerino y todavía no me lo podía creer. Entonces llegó un coleccionista y me quitó las zapatillas para quedárselas. Fue cuando supe que estaba sangrando en los talones, pero no lo sentía, de verdad, seguía soñando”, comentó.

Escucharla, el milagro del 'deja vu'

En el Gran Teatro García Lorca (que ahora lleva su nombre), fue donde supe de Alicia Alonso y las Cuatro Joyas (Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá), escuché de Anna Pávlova y la afirmación sorprendente de Rudolf Nureyev.

“Es capaz de romper el viento cuando baila”, se expresaba de Nureyev.

Nureyev y Alonso tuvieron su último encuentro escénico en 1990, en Palma de Mallorca, España, con el estreno de Poema de amor y del mar, de Alberto Méndez, y con la participación, además, de Victoria de los Ángeles, la gran soprano lírica española.

Para un cuasi neófito como yo, el espacio de las figuras es su mejor terreno. Recordaba a la rusa Maya Plisetskaya, tal vez la reencarnación de Pávlova en el tema de los cisnes.

O la francesa Yvette Chauviré, la italiana Carlotta Grissi (la primera Giselle de la Historia) y la rusa Olga Spesitvtseva.

Ovaciones apasionadas

Es difícil encontrar ovaciones tan apasionadas como las de La Habana y París, donde los amantes del arte deliran en sus aplausos y regalan los “bravo” con mucha vehemencia.

Hace 23 años, Rudolf Nureyev bailó Giselle en Enghien-les-Bains, el mismo escenario donde la extraordinaria Alicia se confesaba abrumada por los elogios de Philippe Sueur, alcalde de la ciudad gala y consejero general del departamento de Val D´Oise.

Los bailarines estamos acostumbrados a los aplausos, no a las palabras, declaró Alonso al recibir la Medalla de Oro de la ciudad de la periferia parisina.

A sus lágrimas se sumaron las del máster francés de la danza Cyril Atanasoff, su compañero precisamente en Giselle en la Opera de París en 1972. “Alicia es la expresión más completa del ballet, al lado de Nureyev y Anna Pavlova”, indicó.

Alicia Alonso habló de la danza como la primera vez que interpretó Giselle en su vida. Movió los brazos, derrochó gestualidad y la sonrisa se hizo perenne cuando relataba aquel debut de Giselle en Nueva York.

Siempre atildada, escudriñando la sonrisa correcta y la pose de las grandes divas —cuando su visión no la acompañaba—, hizo levantar a espectadores y prensa con similar entusiasmo para disfrutar de su increíble aureola.

Habló, por supuesto, del BNC y su fuente de talentos, con la impronta particular de la idiosincrasia de su pueblo, respeto absoluto a la esencia de los clásicos y decenas de proyectos, con el futuro a sus pies.

Preguntada por Prensa Latina sobre “el secreto de su vida”, se mostró espléndida:

Yo aprecio cada día el milagro de la vida, disfruto los olores, la naturaleza y siento el placer de la belleza, de los valores; tampoco pierdo el deseo de trabajar, de hacer coreografías, en resumen, de seguir viva.

Le vi salir una lágrima, quizás dos, apenas en unos segundos. Luego, levantó el rostro, empinó la mirada y siguió volando.

Ahora Giselle ha perdido a su musa. (Foto: Archivo)

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