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Martes, 21 de Enero de 2020 - 10:49:20 | 418 | |

Entre Camagüey y Matanzas, la magia de la pelota en Cuba (+ Fotos)

En este artículo: Camagüey, Cuba, Deportes, Serie Nacional de Béisbol, Toros, Cocodrilos, Matanzas



Por Oscar Sánchez Serra/Periódico Granma.

Vamos a extrañar mucho a la 59ª Serie Nacional, a sus semifinales y a su final; a los Cocodrilos y a los Toros, quienes bordaron en el terreno todo el espectro cultural de un país que respira bolas y strikes, hasta convertir a los cubanos, por la magia de la pelota, en matanceros y camagüeyanos.

La Historia, aunque no haya aún título mediante, recoge al Béisbol como patrimonio de la nación; eso fue lo que vimos en la ciudad roja, el Victoria de Girón, y en el primer estadio construido por la Revolución, el Cándido González. Allí estaba Cuba, en una emulación pacífica, y viril al propio tiempo, que mostró a los yumurinos con el combativo espíritu de Carlota, aquella esclava negra lucumí, lider el 5 de noviembre de 1843 de la rebelión en el ingenio Triunvirato, sin nada más que sus pies descalzos y el vestido raído con que subió al barco que la trajo a Cuba. Y en ese mosaico de cubanía se dejaron ver los agramontinos luchando “con la vergüenza de los cubanos”, como respondió Ignacio Agramonte a la pregunta de cómo seguir la guerra sin las necesarias armas.

Solo así esos equipos pudieron retomar la historia de los campeones Henequeneros y Ganaderos que les precedieron. Matanzas es campeón, tras el desconsuelo del último lugar en la pasada temporada, y Camagüey, subcampeón, tras el lejano puesto 12 de 16, en la edición precedente.

¿Cómo, si eran los mismos equipos? Cohesión, disciplina, arrojo por arrobas en cada encuentro, responsabilidad colectiva e individual, son algunas de las respuestas. En Matanzas no hubo un solo protagonista, cuando el más encumbrado fallaba, asumía el rol otro sin mucho abolengo, pero con la misma misión. Pasó igual en Camagüey, que tuvo durante el calendario varios lesionados, pero no decayó, porque quienes cumplieron, no eran sustitutos, tenían el mismo encargo. No fue espontánea esa actitud, tiene nombres: los profesores, llamémosle así, pues tuvieron mucho de pedagogos Armando Ferrer y Miguel Borroto, al frente de Cocodrilos y Toros.

La épica de estos equipos se eternizará en la memoria de sus terruños, como el epíteto de la Atenas de Cuba, la poesía de José Jacinto Milanés o el poema Espejo de Paciencia que Silvestre de Balboa Troya y Quesada hizo nacer en tierras de los tinajones, o el gentilicio de agramontinos.

Exigente hasta rozar los límites humanos es el deporte, pero sabe recompensar el esfuerzo supremo de largos años de ardua preparación. Noelvis Entenza fue héroe y le llegó la corona que no pudo ceñirse cuando era un estelar con Cienfuegos y caía ante otro de los grandes, Freddy Asiel Álvarez, en aquellos duelos de unos imponentes Elefantes contra los Leopardos villaclareños; entonces tuvo también de compañero a Erisbel Arruebarruena, que fue a las Grandes Ligas y regresó, porque Cuba le abrió las puertas y hoy rebosa de felicidad con su cetro, premiado con jonrón en el partido bueno. Y como la historia está plagada de analogías, Leslie Anderson, del lado de los Toros, retornó del mismo escenario, y se fajó duro en la caja de bateo para recibir el aplauso de su pueblo.

Medalla de oro a las dos aficiones, a la matancera que no dejó de apoyar a los suyos, aun cuando el fantasma de que no ganaban en finales volvió a asomarse en el quinto duelo; y a la camagüeyana, que con el partido por 0-8 no dejó de exclamar el Sí se puede de Raúl, que también ha tejido las grandes hazañas del movimiento deportivo cubano.

Cómo olvidar a los capitanes Yasiel Santoya y Alexander Ayala, líderes de tropas que integraron a avileños, santiagueros, o a granmenses y cienfuegueros, en la batalla, como si fueran uno. La final es un impulso motivacional para el reto preolímpico de marzo, en Arizona. ¿Quién dijo que no bateamos rectas de más de 90 millas? Los matanceros lo hicieron, nada menos que para hacerse campeones. El Sí se puede ha de presidir también la camiseta de Cuba, como mismo pudimos ante la sucia jugarreta imperial de sacar a la mayor de las Antillas de la Serie del Caribe, hacer una final que será recordada por muchos años. (Fotos tomadas de adelante.cu y Cubadebate) (Collage: Redacción Digital RCA)

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