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Miguel Caldés nunca dice adiós
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Por Oreidis Pimentel Pérez

Miguel CaldésEl martes 5 de diciembre del año 2000 amaneció con una fina llovizna invernal, pero incluso antes de que saliera el sol una terrible noticia corría de boca en boca entre los camagüeyanos que madrugaron para asistir a sus centros laborales.

Realmente nadie quería creer que fuera cierto que el equipo de béisbol de la provincia había perdido para siempre a su cuarto bate Miguel Caldés Luis, integrante de la selección subcampeona olímpica ese año en Sydney.

Para todos era mejor pensar que se trataba de algún rumor malintencionado porque el domingo Camagüey había suspendido por lluvia un partido contra Santiago de Cuba en el estadio Cándido González ¿Cómo era posible si hacía unas horas vestía su franela de pelotero?


La muerte le jugó una mala pasada al estelar tercera base camagüeyano y jardinero regular del equipo Cuba cuando su vehículo fue impactado por una locomotora en movimiento en el crucero ferroviario del reparto Saratoga bien tarde en la noche del lunes 4.

Había cumplido 30 años el 27 de septiembre y sus cualidades lo convertían en una de las más prometedoras figuras de la pelota cubana pues sus muñecas tenían poder y en 4220 veces al bate en 14 Series Nacionales de Béisbol, conectó 178 cuadrangulares que lo colocan como el tercer camagüeyano en el casillero de vuelacercas detrás de Leonel Moa (272) y Reinaldo Fernández (212). Al igual que su tío Vicente Díaz, había mostrado gran brazo como antesalista, lo cual también fue aprovechado en ocasiones en el campo corto.

Además impulsó 683 carreras, tercero en el casillero detrás de Leonel Moa (857) y Felipe Sarduy (685), y es igualmente el tercer pelotero en cuanto a su average de por vida con equipos de Camagüey en Series Nacionales con .289, sólo superado por Loidel Chapellí (.329) y Luis Ulacia (.312).

Su último jonrón fue conectado en Moa, Holguín, y quizá por ser el último fue enorme. Curiosamente algunos aficionados recuperaron la bola que cayó en una casa aledaña al estadio y posteriormente en generoso gesto, construyeron una urna de cristal y la entregaron a sus familiares que la donaron a la Sala de Historia del Deporte en la ciudad de los tinajones.

Fue la bujía de la potente escuadra del municipio Jimaguayú varias veces campeón en los torneos de su provincia, asistió al Mundial Juvenil de 1988 en Australia y a las Copas de 1995 y 1997. Con Camagüey llegó a un tercer puesto en 1998 pero lo más recordado es su enorme jonrón contra Japón en el estadio de los Bravos de Atlanta durante los Juegos Olímpicos de 1996 en esa ciudad norteamericana.

En aquel partido por la medalla de oro en el que la ventaja de los cubanos, que llegaron a explotar al lanzador Masanori Sugiura, fue borrada frente al tirador camagüeyano Omar Luis Martínez, Omar Linares conectó tres jonrones. Sin embargo el bambinazo de Caldés llegó en un momento clave, cuando la pizarra marcaba empate y un pitcher submarino frenaba a los bateadores caribeños.

El béisbol guardó luto y su sepelio conmovió a todo un pueblo que asistió a despedirlo a la Sala Polivalente Rafael Fortún Chacón.

Ese año su equipo estampó su número 18 en las mangas y gorras e inspirados, escalaron a la tercera posición del campeonato cubano de béisbol. Cuando ganaron el play off de octavos de final frente a Villa Clara 3 juegos a 1, todos sus compañeros salieron al terreno encabezados por el lanzador Fernando Tejeda, que portaba un gran cartel dedicándole el triunfo colectivo ante el sentido aplauso de los aficionados del Cándido González. Después aunque se peleó duro, cayeron 4 juegos a 2 contra el a la postre campeón Santiago de Cuba.

Durante el comienzo de la Serie Nacional número 47 en el año 2007, se le rindió otro homenaje al develar una tarja en el estadio Cándido González.

Hoy 4 de diciembre se cumplen nueve años de la pérdida de Caldés y todavía muchos lo extrañan en su cuarto puesto del line up, porque los buenos nunca dicen adiós.
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