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Martes, 19 de mayo de 2009
El alma en muñecos de trapo
Por Enrique Milanés León/ Fotos: Orlando Durán Hernández.
Su historia parece sacada de un cuento de La Edad de Oro. Cuando tenía apenas ocho años, la familia la privó de la muñeca Loreta, que perdía el peso y la vida mientras dejaba por toda la casa una fina estela de aserrín que disgustaba a los mayores. Le compraron otra muy hermosa, dice que francesa o española, pero nunca la quiso igual. Desde entonces, Carmen Soto González reparó sus muñecas y aprendió a hacerlas, para regocijo de otros niños y adultos.
Hoy se le encuentra en una vieja casona de Camagüey, cambiando el polvo por las metas en su afán de establecer allí el Proyecto CarSueños, o los sueños de Carmen, como tradujo al final de la conversación, cuando no hacían falta explicaciones.
“Lo que vamos a fundar -aclara- es La Casa de los Muñecos, primera de su tipo en Cuba porque contará con un museo y un servicio de reparación de juguetes que no existen en el país”.
La Casa dispondrá de un área expositiva con trabajos de y para niños, una sala museable con la historia de la muñequería en Cuba desde la Colonia, talleres de creación y apreciación y un llamado consultorio para alegrar a los pequeños “curándoles” sus juguetes. Aunque apretado, habrá espacio, también, para una sala de juego y una pequeña biblioteca. Más de 20 muñequeras y varios artesanos se ocuparán de que los sueños de cualquier niño adquieran formas y colores concretos.
Alegres hijos de la solidaridad
A inicios de los noventa, cuando la situación económica del país era particularmente tensa, el Chau Bloqueo, grupo solidario argentino, aportaba pequeña recortería de tela con la que Carmen y otras artesanas de Sierra de Cubitas confeccionaban ropas y accesorios para los círculos infantiles de su localidad. Cierta vez, ella obsequió muñecos de tela, en calidad de souvenir, que encantaron a los amigos. Los muñecos comenzaron a viajar y, con los fondos recaudados de su venta, Chau Bloqueo traía a los niños de Sierra de Cubitas ayudas que el insensato bloqueo estadounidense hacía más urgentes en aquellos años.
Entre 1993 y el 2001, más de 200 muñecos camagüeyanos se asentaron en Argentina con la visa de la solidaridad. Lo curioso es que, como a cada uno de sus “hijos” de tela, Carmen les daba un nombre, una historia, una vida.
“Todavía -agrega- me carteo con Gloria Pollola. Ella compró un muñeco mío y le cambió el nombre para llamarlo como su hijo. Esa experiencia solidaria nos hizo a todos mejores seres humanos y nos preparó para este paso”.
Ivette y frank, dos caminos a la esperanza
Son dos niños diferentes, pero comparten bajo el cielo de Cuba iguales derechos a la esperanza. Ella, Ivette González -hija del Héroe René, a quien el Gobierno de Estados Unidos mantiene prisionero injustamente por combatir el terrorismo- no conoce todavía de este proyecto camagüeyano, sin embargo Carmen y sus muñequeras organizaron en su honor el concurso La muñeca para Ivette . “Al principio dijimos, la muñeca más linda para Ivette, pero todas las artesanas reclamaron y queremos enviarle varias para que estén con ella en su cuarto y la acompañen mientras llega su papá”, relata Carmen.
Frank Ernesto Molina sí sabe de CarSueños. Este niño camagüeyano de siete años padece una psicosis infantil con síndrome autista asociado y sufría mucho por el deterioro de su juguete preferido, un muñeco llamado Budy que en las manos de la entrevistada recobró muy pronto su porte como mejor amigo del pequeño. Judith Morales, la mamá de Frank, recuerda que él preguntaba todos los días si le habían curado a su juguete. “Ahora no lo suelta -añade- y eso nos tiene muy felices. Él ama ese juguete, no era igual comprarle otro; este es un proyecto de luz y esperanza, para niños como el mío y para niños sanos”.
Aún sin inaugurar la Casa, pero abiertas a cualquier reclamo como el de Frank, Carmen y sus muñequeras alistan el local y preparan la muñeca de tela más grande de Cuba: una morena de más de 10 metros llamada Leonor, como la del cuento “La muñeca negra” recogido en La Edad de Oro. Es mucho más que cosa de juegos. Frente a opciones de mercado incoherentes con nuestra idiosincrasia y a blondas muñecas de ojos azules que no dicen nada a las niñas cubanas, vale el esfuerzo de estas mujeres por mantener en la actualidad el diálogo de la pequeña Piedad con su muñeca negra: “… con los ojos me dices que me quieres”.
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