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Martes, 03 de febrero de 2009
Amalia Simoni en el recuerdo
Por Mariela Peña Seguí/Radio Cadena Agramonte.
“Mujer debe llamarse compensación”, escribió José Martí, inspirado en alguna figura femenina que llamó su atención por la manera de compensar la actitud del hombre amado. Más acá en el tiempo, muchos dicen: “tras un gran hombre, hay siempre una gran mujer”. La historia, en cambio, ha probado que las mujeres marchan al mismo paso, de la misma forma y con la misma fuerza que el hombre.
Así lo demostró la historia de Cuba, con aquella camagüeyana hermosa y valiente, que había nacido en esta tierra, en la cual quiso descansar, después de su muerte, el 23 de enero de 1918.
Así nos ha premiado la historia a quienes vivimos y amamos este terruño legendario: con una mujer cuya grandeza la hizo humilde y necesaria, cuyo amor la volvió hermosa.
Porque si se ha de medir la belleza de una mujer, su valentía, su desprendimiento, su fidelidad y su amor, de seguro la harán irresistiblemente bella.
Bella la mujer que abandonó la opulencia de su cómoda vida para acompañar al hombre, para marchar a su lado y ayudarle a cumplir con su deber.
Bella la mujer que así dio a luz los dos hijos del héroe.
Bella quien sostuvo con dignidad los pesares, las carencias y hasta incluso las provocaciones enemigas.
Bella quien soportó la pena estoicamente de saber que la vida de su amado, terminaba.
Bella quien se dio a la Patria como continuado deber.
Bella quien vio pasar la vida aferrada no solo al recuerdo y la veneración, sino también a hacer valer la obra del esposo. No debe haber mayor belleza de mujer, sobre todo si dos palabras la definen: dignidad y amor.
Con Amalia Simoni nos ha premiado la historia. Es nuestro deber honrarla.
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