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Sábado, 25 de mayo de 2013

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Sábado, 19 de mayo de 2012

José Martí: “Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo”



El viajero que un día llegó a Caracas y, sin sacudirse el polvo del camino, fue a rendir tributo a Simón Bolívar, entró a Venezuela por el viejo camino de La Guaira, a través de la llamada Puerta de Caracas, lugar donde hoy un sencillo monumento recuerda a  José Martí.


Desde allí, a través de un laberíntico camino, como entonces lo hizo nuestro Martí, por los empinados cerros que rodean a la capital venezolana, bajé  mil  metros hasta  la ciudad de Caracas, para llegar al  antiguo  Colegio de Santa María, hoy, Casa Nuestra América José Martí.

Me recibe Zaida Castro, Directora de la institución, fundada en el año  2000:

“En esta casa, en el año 1881,  estuvo Martí durante seis meses dictando clases  en el entonces Colegio de Santa María, cuyo director era Agustín Abeledo.

“Abeledo, muy emocionado al conocer a Martí y saber de su brillante oratoria,  y de la cultura general tan profunda que tenía,  lo invita a dar clases durante el tiempo que estuviera en Caracas; al igual que lo hizo  Guillermo Tell Villegas, en su colegio, por su pensamiento tan profundo  para la formación de lo que él llamaba “Nuestra América”, y  de la que Bolívar  decía, “la Patria es América”.

La capital venezolana  recibe  a José Martí con admiración, y el 21 de marzo de 1881 la intelectualidad caraqueña  lo  prueba  en  el homenaje que le brinda en  el Club de Comercio.   En ese acto,  Martí dice:

“Así, armado de amor, vengo a ocupar mi puesto en este aire sagrado, cargado de las sales del mar libre y del espíritu potente e inspirador de hombres egregios; a pedir vengo a los hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz”.

En el año 1881,    Martí funda en Caracas  la Revista Venezolana, de la que sólo se publican  dos  números escritos casi íntegramente  por él; pero no menos importante fue su labor como maestro de francés y oratoria, y  de literatura en el Colegio Santa María.

“Este era un colegio -apunta Zaida  Castro-  fundamentalmente para los niños huérfanos, aunque también asistían  muchachos de  otras familias de la sociedad caraqueña de la época; pero  podríamos decir que era una escuela Primaria, aunque con un nivel de Secundaria, por la profundidad de los conocimientos que allí se impartían”.

No caben dudas de que Zaida  Castro es buena bolivariana y, por tanto, también martiana de corazón; le pregunto  de manera indirecta y, por supuesto, el rostro se le alegra, y  me interrumpe….

“Las dos cosas; yo digo que las dos cosas porque justamente hago acto de solidaridad con Cuba desde que tengo  aproximadamente 11 años.  Cuando  Fidel estuvo aquí yo era muy pequeña pero me emocionaba de igual manera, y mamá me decía “como tú tienes apellido  Castro, para ti    todo lo que tiene que ver con Cuba, te emociona y te llama la atención.

“Y claro que sí, así como soy bolivariana, soy martiana; son dos términos recíprocos. Y  de verdad -y lo digo con mucho orgullo  y respeto-  que no he visto unos escritos más hermosos referidos a Simón Bolívar  que los que le dedicó José Martí”.

Como tampoco he leído yo frase  que recoja mejor el  sentimiento  solidario de los cubanos para con el pueblo de Venezuela, como aquella que escribió  José Martí, en julio de  1881, en la carta de despedida a su amigo Fausto Teodoro Aldrey:

“Amigo mío:

“Mañana dejo a Venezuela y me vuelvo camino de Nueva York. Con tal premura he resuelto este viaje, que ni el tiempo me alcanza a estrechar, antes de irme, las manos nobles que en esta ciudad se me han tendido, ni me es dable responder con la largueza y reconocimiento que quisiera las generosas cartas, honrosas dedicatorias y tiernas muestras de afecto que he recibido estos días últimos. Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus esperanzas, plácemes; sus penas, angustia; cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo”.

La  frase final de  esa  carta significativamente está  reproducida en el sencillo monumento que se levanta en la Puerta de Caracas,  por el camino  viejo de La Guaira, por donde entró José Martí  a esta ciudad, y  hoy es permanente tributo de respeto y admiración del pueblo de Venezuela al Héroe Nacional Cubano.  (Texto y Fotos: Miozotis Fabelo Pinares/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte).