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Sábado, 16 de junio de 2012
¡Feliz día, papá!
Por Arailaisy Rosabal García/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte
Yo tengo en el hogar un soberano único a quien venera el alma mía; es su corona de cabello cano, la honra es su ley y la virtud su guía.
Algunos por ahí proclaman a toda voz que madre es solo una y padre, cualquiera. Nada más alejado de la realidad. Madre y padre son únicos. Bien es cierto que el rol materno tiene una implicación suprema en la crianza de los hijos, pero eso no debe ser motivo para menoscabar la figura paterna, imprescindible también en la formación de un niño.
De hecho, la historia de la humanidad está llena de padres paradigmas, de hombres “comunes” que son únicos para sus hijos; o de otros que trascendieron su tiempo y el costo por ello fue sacrificar el placer de la paternidad, aunque ni siquiera la distancia les hizo olvidar.
Dos buenos ejemplos tenemos los cubanos: nuestro José Martí y nuestro Che Guevara, grandes hombres y, también, grandes padres.
Apenas pudo disfrutar el Apóstol de la independencia a su “príncipe enano”, y ante la ausencia de besos y caricias, volcó en versos todo ese amor conjugado. Así escribía en Ismaelillo, en una especie de encuentro tácito: “Suavemente la puerta/ Del cuarto se abre/ Y éntranse a él gozosos/ Luz, risas, aire/ Al par da el sol en mi alma/ Y en los cristales:/ ¡Por la puerta se ha entrado/ Mi diablo ángel!”
Del Che, quien echó sus raíces aquí en el mayor archipiélago de Las Antillas, tal vez la más clara evidencia de que también por su rol paterno fue un hombre de tamaña sensibilidad, sea la carta de despedida que le dejara antes de partir a otras tierras que reclamaban su concurso, a Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto. Entonces, como ese padre que no puede dejar de dar consejos pertinentes, les decía:
“Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”. Fue precisamente la Revolución la que llevó a aprobar un Código de Familia en la Isla, sin dudas una importante conquista social -que requiere, eso sí, de mayor aplicación legal- redactada en concordancia con el principio de igualdad y las realidades de la sociedad socialista. Según esta regulación jurídica, madres y padres tienen los mismos deberes y derechos en la educación de los hijos.
Es un hecho que en Cuba existe un grado considerable de familias monoparentales, por los altos índices de divorcio (uno de los más elevados del continente); y cuando hay niños de por medio, casi siempre la madre asume la custodia, lo cual refuerza ese estereotipo de que el papel del padre lo suplanta cualquiera. Ya lo decía: puro fetichismo, como mismo -contra toda lógica racional y sentimental- hay padres indiferentes, existen madres impasibles.
Lo cierto es que menospreciar a “papá” no será nunca viable; ellos merecen, sobre todas las cosas, cariño y devoción. Por eso se les dedica el tercer domingo de junio de cada año, aunque cualquier momento sea propicio para abrazarlos y hacerles saber que los queremos.
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