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Jueves, 20 de junio de 2013

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Sábado, 28 de julio de 2012

Reservorio paleontológico de saurios jurásicos en Cuba



Pinar del Río, Cuba.- Tras las huellas de animales prehistóricos, científicos cubanos hallaron en la cordillera de Guaniguanico todos los restos de reptiles marinos conocidos que habitaron el Caribe durante el período jurásico.

En el macizo, perteneciente a la más occidental provincia de Cuba, fueron localizados yacimientos paleontológicos de relevancia para el estudio de esas criaturas, las cuales datan de la Era Mesozoica, confirmó a Prensa Latina el doctor en Ciencias Manuel Iturralde, presidente de la Sociedad de Geología de Cuba.

Buscador de evidencias sobre los antiguos saurios, afirmó que en Viñales y zonas aledañas, ocurrieron los principales hallazgos, por lo general en áreas de colecta al pie de los mogotes, donde el relieve es suave y ondulado.

Después de los ammonites y peces -precisa en apuntes sobre el tema-, se establecieron en el Caribe los reptiles gigantes que se alimentaban de ellos.

De este modo, las costas pantanosas se poblaron de tortugas acuáticas y en el mar abierto pululaban los pliosaurios como el gran Peloneustes, los cocodrilos oceánicos como el Geosaurus, los plesiosuarios de cuello largo (Vinalesaurus caroli) y los nadadores de mayor velocidad (ictiosarios), asevera.

Según su experiencia, en la isla estos fósiles se encuentran fundamentalmente en el paisaje montañoso conocido como Sierra de los Órganos, sobre todo en el Valle de Viñales y sus alrededores, exploraciones en las cuales afloraron huesos aislados y fragmentados.

Durante sus excavaciones por la zona lograron recuperar vértebras, fragmentos de huesos largos, partes de cráneos; nunca un esqueleto completo, búsquedas seguidas durante años por el campesino Juan Gallardo y su hijo.

Sin embargo, en el Reino Unido, Francia y Argentina, por ejemplo, es posible encontrar esqueletos casi enteros, por eso, la identificación de las especies cubanas resulta más difícil, pues apenas disponemos de pequeños pedazos de cada ejemplar, acotó.

De acuerdo con sus estudios, divulgados en publicaciones arbitradas nacionales y foráneas, en las rocas marinas de Pinar del Río aparecieron algunos vestigios fosilizados de animales terrestres, entre ellos dinosaurios, que posiblemente habitaron las costas de Laurasia, antigua masa de tierra del hemisferio norte.

El primero que descubrió los rastros de aquellos reptiles en Viñales -160 kilómetros al oeste de La Habana- fue el naturalista cubano Carlos de la Torre y Huerta, a comienzos del siglo XIX.

Especialistas de varios países participaron en las investigaciones recientes gracias a una colaboración entre el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba y sus homólogos en La Plata (Argentina), París (Francia), y el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, en Estados Unidos.

Iturralde adelantó a Prensa Latina que próximamente saldrán al mercado dos libros suyos sobre los reptiles gigantes del Caribe primitivo, ambos en proceso editorial.

Esa información fue compilada también en un CD-ROM editado por la Empresa de Tecnologías de la Información y Servicios Telemáticos Avanzados (CITMATEL), resumen digital disponible ya en bibliotecas del país.

Del Caribe primitivo

El Mar Caribe tiene una antigüedad de unos 160 o 180 millones de años, antes no existía, pues el área estaba ocupada por el Pangea, un supercontinente de la primera mitad de la Era Mesozoica.

La masa terrestre se fracturó 200 millones de años atrás y se formó un estrecho canal acuático, entre América del Norte y Suramérica, que posteriormente se ensanchó hasta alcanzar sus dimensiones presentes.

Después de los pequeños invertebrados, ammonites y peces, llegaron al Caribe siguiendo las corrientes marinas, los reptiles de enormes proporciones, explicó el experto.

Viñales y sus curiosidades

En la localidad, asoman aún los llamados quesos (vestigios petrificados) de ammonites, cefalópodos ya extintos.

Ese escenario abriga a la palma corcho, declarada Monumento Nacional, la cual proviene igualmente de lejanos tiempos y pudo llegar hasta nuestros días por su plasticidad ecológica al adaptarse a sustratos y condiciones disímiles.

Microcycas calocoma, su nombre científico, está catalogada actualmente en peligro crítico por lo reducido de sus poblaciones.

Extensos sistemas cavernarios como la gran caverna de Santo Tomás y Palmarito, distinguen al paraje, que junto a sus deslumbrantes vistas atesora las huellas de arcaicas y enigmáticas criaturas. (Adalys Pilar Mireles /PL/Foto: EcuRed)