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Miércoles, 23 de junio de 2010
San Juan camagüeyano: rescate y triunfo de las tradiciones
Yolanda Ferrera Sosa/ Radio Cadena Agramonte. yolanda@rcagramonte.icrt.cu
Una comunidad que se empeña por preservar los valores que la identifican, aún a pesar del paso de los siglos, merece destaque y respeto. Las actuales generaciones de principeños -residentes en la localidad cabecera camagüeyana, donde se fundara la villa en fecha aceptada como la del 2 de febrero de 1514-, no permiten olvidos para con su patrimonio… y un ejemplo de ello se tiene en la festividad conocida en el territorio y en algunas regiones iberoamericanas, como San Juan.
Su inicio cada año, pasado un segundo del 24 de junio, marca el comienzo de la propuesta, devenida complejo socio-cultural de excepcionales alcances: en ella se funden rasgos de la gastronomía, de la música, de la danza, de las costumbres y de la idiosincrasia lugareña, irrepetibles en otras comarcas cubanas.
Destacados investigadores agramontinos han hurgado en sus esencias, como el desaparecido Historiador de la Ciudad, Gustavo Sed Nieves, quien laboró intensamente en unión de otros 2 prominentes estudiosos: Ana María Pérez Pino y el doctor Roberto Méndez Martínez. Por su parte, el folklorista Rafael (Papito) García Grasa y el fallecido Silvio Betancourt, dedicaron buena parte de su vida a desentrañarle al San Juan local sus variadas maneras de realización. Las apreciaciones de todos, permite trabajos periodísticos como éste.
Pasión popular
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Aún antes de la lectura del Bando que lo oficializa, el anuncio del San Juan se va regando por muchas calles del antiguo Puerto Príncipe. El caminante -fundamentalmente en barriadas tradicionales, como San Ramón, San Isidro y Bedoya, por sólo citar tres-, asiste al ceremonial que prepara los instrumentos musicales de las congas…fundamentalmente de los tambores y quintos, confeccionados con cuero curtido. Después vendrán los intensos ensayos y la elaboración de coreografías, temas y toques seleccionados para la cercana edición. Algo similar sucede con las comparsas, cuyos integrantes se dan cita por la noche, en las diferentes Plazas de la localidad. Este año, los desfiles sanjuaneros del 25, 26 y 28 de junio, contarán con seis congas, cinco comparsas e igual número de carrozas.
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La conga camagüeyana es única en Cuba. No se golpea el tambor con las manos, sino con palos a manera de percutientes, ejemplo tácito de la heredad andaluza. Por otra parte, su sonido resulta especial y llamativo para los oídos acostumbrados a la enervante y tan generalizada conga de la parte más oriental del país, con la cual nada tiene que ver. De la caldosa al ajiaco.
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Hace siglos, a ningún principeño se le hubiera ocurrido denominar como caldosa al sabroso plato que -en esta parte de Cuba-, tiene particularidades muy especiales. Su elaboración se realizaba –por lo general- en la parte centro-oriental de la Isla y es una derivación del llamado “cocido español”. Pero aquí, en el Camagüey desde siempre, se le conoce como ajiaco y no como caldosa, sopa o cocido.
Guarda esa actitud lugareña con su peculiaridad de conservar las tradiciones que le son más auténticas. El desarrollo de la ganadería vacuna y porcina en el territorio desde el siglo XVIII, fue una contribución al consumo de carnes frescas en ocasiones tan especiales como esa festividad sanjuanera, tan esperada cada año por el mes de junio.
De a poco, pues, se fue forjando la cocina principeña, con atributos muy especiales dentro del contexto nacional. El ajiaco, por lo rápido de su confección y lo nutritivo de su contenido, fue el plato preferido por peones y ganaderos que traían sus animales a Puerto Príncipe, por esta época del año para la comercialización.
Es conocido que durante las duras faenas, era el sustento alimenticio de los trabajadores y -paulatinamente-, fue sentando reales entre la vecindad para ser uno de los protagonistas fundamentales de la festividad carnavalesca local.
Actualmente, se respeta su presencia dentro de las programaciones de este complejo sociocultural de excepción dentro de la Mayor de las Antillas. Un San Juan sin ajiaco, no se concibe.
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