Actualizado: 2010-07-29 20:19:18
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Un golpe que no amilanó a los cubanos PDF Imprimir E-mail

Por Eric Pacheco Fandiño/Radio Cadena Agramonte

Aquella mañana del 10 de marzo de 1952, Cuba amaneció conmocionada por el golpe de estado que dio el tiro de gracia a los pocos resquicios democráticos que le quedaban a la República mediatizada. Sus autores fueron Fulgencio Batista y los representantes de la embajada norteamericana.

Ante la posibilidad de perder las elecciones convocadas para el 1ro. de junio de ese año, el llamado por los yanquis en esa época “hombre fuerte de Cuba”, entró a la fortaleza de Columbia en la Habana junto a un grupo de militares adeptos a su intereses y se apoderó de los destinos del país al deponer al gobierno constitucional de Carlos Prío Socarrás.

El cuartelazo fue el detonante que condujo a Fidel Castro Ruz, a poner en práctica sus ideas para acabar con los desmanes que desde el inicio de la llamada República en 1902 dieron al traste con las esperanzas de las generaciones de cubanos que durante más de 30 años en el siglo 19 lucharon contra el colonialismo español.

El joven abogado acudió a la prensa cubana de la época que le brindaba sus espacios y desde allí inició el combate. Se recuerda como verdadera pieza de denuncia el artículo titulado  “Golpe de Estado no, zarpazo”, en el que se descaracteriza la monstruosidad cometida por Batista y sus seguidores y se pide sea castigado por los tribunales.

Aquella mañana se cerraron las puertas de la lucha cívica y quedó como única alternativa el camino de la revolución armada. Un año y cuatro meses después, el 26 de julio de 1953, la Generación del Centenario, con Fidel Castro al frente irrumpía en el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba y marcaba el camino de la definitiva independencia.

Miles de cubanos siguieron los pasos de aquel núcleo inicial; más de 20 000 cayeron en los más de siete años que duró la contienda. El resultado fue ostensible en todos los órdenes de la vida económica, política y social del país; una sociedad en combate permanente por lograr perfeccionarse, pero con todos y para el bien de todos.

Si alguien pensó aquel 10 de marzo de 1952 que  Cuba llegaría a los niveles que hoy tiene, que podría contribuir a engrandecer la humanidad, ese fue Fidel; el líder revolucionario que logró aunar voluntades, sobreponerse a mares encrespados y enfrentarse a un imperio como causa esencial de los males del mundo.

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