Comunidad camagüeyana, Nitrógeno, Universitarios, Barrio

Desde la comunidad camagüeyana de Nitrógeno, los universitarios Revolucionando el Barrio


Por Laura Marian Bacallao Padrón (Estudiante de Periodismo)
Soy de la ciudad de Camagüey, nací en esta amplia llanura plural. Nunca escuché hablar del barrio conocido como Nitrógeno en 20 años: es una comunidad en silencio, lejos de la céntrica avenida y los edificios superiores, geográfica y socialmente.

Nitrógeno tiene comunidades hermanas en la geografía citadina. Desperdigados en el tiempo hay muchos "Nitrógenos", con otros nombres, esos que nos afanamos para buscar la belleza de la vida para aludir a flores en jardines, sentimientos como la esperanza y la confianza en el porvenir.

Con la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz descubrí a este asentamiento, a sus niños, a sus madres, a sus desórdenes urbanos. Salí de la burbuja, de la zona de confort, salí a “comerme el mundo de un mordisco”, o al menos a intentarlo.

Esto que hacemos se llama Proyecto Comunitario, y cada involucrado puede nombrarlo como desee. Para la FEU es Revolucionando el Barrio,  pero para los estudiantes de arquitectura y civil es algo así como el Construactivismo, para los veterinarios se llama Huellas y para los futuros periodistas es Cabriola. Para mí es, parafraseando a Amado Nervo, amar todo lo que pueda, cuanto se pueda, a quien se pueda, sin preocuparse por la finalidad del amor.

Yo pude haber nacido en Nitrógeno; yo pude necesitar amor como ellos, necesitar un juego un domingo, una canción como alimento espiritual.

Por eso me siento tan empoderada y feliz de ser parte de algo tan bonito, porque esto no se refleja en ninguna nota o asignatura, no viene en el título, y menos en el bolsillo. Se refleja en algo más valioso y sublime; se refleja en ese niño que dentro de diez años se sentará en mi aula y, quién sabe, volverá a jugar baloncesto, pero esta vez en la cancha de la sede Ignacio Agramonte.

Necesito contar lo que viví allí este domingo. Contar que coincidió con el cumpleaños de uno de los pequeños de la zona, y que le coreamos la clásica canción de las fiestas. Contar que la cancha de básquet 3x3 presenció los pasos más vivos, las canciones más honestas, los bailes más originales, las sonrisas más puras.

Contar que no fuimos solos, no éramos pillos manigüeros lanzados, porque allí estaba el presidente de la FEU de una Facultad de mano con un profesor y con un niño. Contar que no les hablamos en lenguajes eruditos, ese que guardamos religiosamente para la prueba de filosofía, porque los niños de Nitrógeno son la "tiza" del cariño y ellos saben lo que es estar "escapa'os", y de fallar en ello,  estábamos destinados al fracaso. Contar que todo el que se acercó pudo llevarse a la casa un poco de la sabrosa caldosa, como se hace en las verdaderas fiestas cubanas.

Contar que los estudiantes de Veterinaria fueron casa a casa e impactamos no solo en las personas sino en sus animales de compañía. Contar que fue un ejercicio de cicatrización, para purgar las cargas y tristezas que llegan con cierta edad y que los niños vuelven como una división entre cero: un conjunto nulo.

En la noche, ya sin tanto polvo en el pelo y repasando lo que hicimos en el día, un amigo me dijo: "siento que podría dedicar mi vida a hacer esto", y sólo pude sentirme orgullosa de mis amigos, los universitarios. Orgullosa porque no fuimos a tomarnos fotos, como dicen algunos escépticos, sino a amar.

¡Ay Mella! Ahora camino por el pasillo donde está tu busto y siento que el metal no es tan sólido, que a casi cien años vuelves a decirnos que "no serían reales los cambios en la Universidad sin una transformación social verdadera y profunda".

La mejor manera de vivir el centenario de la FEU, de esta organización de tanto honor, no es derrochando en objetos que la lluvia borre, o que el tiempo absorba como los álbumes de las quinceañeras, sino creando valores, revolucionando mentes, sacando a la universidad del aula para transformar el barrio en una filial más.  

Nos volvieron a preguntar: ¿Cuándo regresan? y yo sentí que la plastilina hecha hombrecitos tenía vida, y que los lápices de colores pintaron la más linda bandera cubana. Sentí que verdaderamente, poco a poco nosotros también necesitamos a esa comunidad en nuestros corazones. Recuerde siempre que todo aire para ser respirable necesita un porcentaje de Nitrógeno. (Foto: tomada de la página en Facebook de la Universidad de Camagüey)


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