Camilo Cienfuegos, Cuba, Revolución, Fidel, Che, Camagüey

Sé útil, en tanto, sonríe


Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.

Hoy, piensa en Camilo. Da igual si llevas sombrero, gorra, pelo largo o corto, da igual cómo van las ropas, los zapatos, las mochilas..., cuida tu empeño, tu país, tu gente.

Es lo mismo si eres joven o no tanto, si eres niño apenas, si serás niño siempre. Piensa en Camilo Cienfuegos Gorriarán, el escolar que defendía a los más pequeños de los mayores, el muchacho que incluso en el exilio amó más a su tierra, que se entregó al sueño socialista del que le había hablado su maestra.

Siempre piensa en Camilo, el que en 1956 después de mucho andar, pensando en una sociedad mejor, se unió a Fidel en México para volver a Cuba en un yate poco confortable, romper mangle y perderse entre el hambre, el fango y los temores hasta reencontrar a Juan Almeida y regresar junto a Fidel.

Que te sea útil su sonrisa, no olvides que la llevaba con responsabilidad, con serio empeño, con noble sacrificio, el cubano digno que se ganó un montón de sobrenombres por ser un montón de pueblo.

Sonríe, mientras cumples el deber de cubano,  como reía el líder de la vanguardia que supo conducir la avanzada guerrillera que le encomendaron en 1957, al reorganizar la tropa de hombres que dieron todo por la libertad de nuestra Isla; primero con Che al frente, luego con Che a su lado, abriendo paso por las Villas en 1958, con la amistad y el sentimiento revolucionario, yendo de hombro a hombro, de Comandante a Comandante, de soldado a soldado.

Recuerda al hombre del sombrero alón, el que tras la entrada triunfal salió a tomar, por orden de Fidel, la mayor fortaleza de la tiranía, el campamento de Columbia, sede del Estado Mayor del Ejército Rebelde, en función de jefe de todas las fuerzas de tierra, mar y aire radicadas en la provincia de La Habana.

Ese fue el mismo hombre que supo que la Revolución apenas comenzaba, que había que hacerla con igual sonrisa que la guerra y ayudarla a crecer libre de traiciones, el hombre que hasta morir, hasta desaparecer, fue leal y corajudo, sincero y cubano, y que tuvo a su lado al pueblo de Camagüey en sus últimas horas del deber.

Hoy, mañana, después, siempre, piensa en Camilo.

Sé honesto, patriota, defiende a los tuyos, haz lo que necesita tu presente para el bien de Cuba, haz tu pedacito del deber, sé útil y, en tanto, sonríe. (Fotos: Archivo)


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