La Habana, 5 may.- Al final de la escalinata que conduce al espacioso recinto del Palacio de la Revolución, allí donde se recibe a los amigos de Cuba en visitas oficiales, se ha producido una suerte de nacimiento de los colores y de la luz: nueve piezas del artista de la plástica, Ernesto M. Rancaño (La Habana, 1968), han sido colocadas en las enormes paredes; todas, emparentadas por el tema común y sagrado para las entrañas de la Isla, que se llama José Martí.