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Por Yaliesky Rivero Álvarez/ Presidente del Movimiento Juvenil Martiano en Camagüey.

El 11 de junio de 1892, el Periódico Patria publicó en sus páginas el artículo nombrado En casa, escrito por José Martí en Nueva York. En una de sus líneas, el fundador del recién creado Partido Revolucionario Cubano expresaba: “El nombre de los padres es una obligación para los hijos, y no tiene derecho al respeto que va por todas partes con la sombra del padre glorioso, el hijo que no continúa sus virtudes”.

Hoy, a 168 años del natalicio del Apóstol, que significaría una nueva etapa histórica, política, de pensamiento y social en Cuba, constituye espacio obligado rendir homenaje al más universal de los hijos de esta tierra, al padre glorioso, al que solo supo vivir desde aquel 28 de enero de 1853 y hasta el final de sus días, por y para Cuba.

Un día como hoy llegó al mundo el ser que en tan solo 42 años de existencia dejó una obra ideológica profunda, que ha trazado pautas capaces de trascender generaciones sin perder su vigencia. El hombre que ha penetrado en las almas de millones con una especie de fuerza tierna que nos envuelve.

Porque a Martí se le lleva en la palabra, en el corazón; pero más que todo se le lleva en nuestro proceder diario ante ese gran compromiso que representa luchar y entregarnos al bien de la Patria.

La Patria, esa estrella mayor que ilumina el alma de quienes desinteresadamente sacrifican todo lo que tienen en pos de defenderla y purificarla. Porque la Patria ha de estar pura, tan pura como las cristalinas aguas de un arroyo de la Sierra. Ha de estar pura para que todos los humildes de corazón puedan beber de ella, y vean en la superficie su rostro y el de cada uno de sus hijos; y como condición natural y maternal nos muestren una y otra vez el camino de la verdad, de la dignidad, de la honradez y del altruismo en beneficio siempre de lo más sagrado que tenemos los martianos: el pueblo.

A Martí se le debe conocer, se le debe sentir y se le debe vivir.

Nadie es un martiano en sí, si no vive por unir a sus semejantes, y si no educa e incluye a los que no lo son en virtud del bien común.

Nadie es un martiano en sí, si va solo por el mundo, si no funda, si no crea, si no transforma.

Nadie es un martiano en sí, si no se consume en carne y espíritu por sus ideas.

Educar en el pensar, en el aplicar, en el crear, en el luchar y en el transformar bajo bases martianas, es uno de los retos ideológicos de esta generación; es materia prima indispensable en todo el proceso de continuidad histórica de nuestra Revolución y nuestro Socialismo.

Marchemos, pues, junto al “remo de proa”, a la vanguardia de los que avanzan, de los que se sacrifican, de los que sueñan; a la vanguardia de los que luchan.

Ese es nuestro compromiso, y a la vez nuestro deber con nuestro Héroe Nacional. Ese, es el modo más humilde, y a la vez más glorioso, de mantenerlo vivo. (Foto: Cortesía del autor)



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