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Por Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte.

Hay alboroto en casa. El reloj indica 10 minutos para las 6:00pm.¡Es una hora buena para contar historias! Tal vez porque cerca del ocaso puedo contar los mejores pasajes sobre la ciudad que reposa del ajetreo de una jornada.

Silencio, por favor. Ahora que parece dormir tranquila en los brazos de quienes la acunan y dedican las nanas más puras, yo también quiero regalarle un cuento a la villa. No tiene título aún, ni un personaje central; me lo permito; se lo regalo así, sin reglas.

Es de tarde. Ella seduce al muchacho que le acompaña. Ríe; luego de una mirada cómplice caminan hacia la Catedral. “¿Podemos subir?”; preguntan. “Son 10 pesos”; le responden. El mejor dinero gastado del mundo, piensan.

Una escalera, luego otra. Un descanso, más escaleras, nombres por doquier, paredes que susurran escapadas de rebeldes chicos. Al fin, el mirador. Deslumbra; lo hace siempre.

Él acostumbra a buscar los recuerdos en firmas ilegibles de una visita entre amigos; recupera momentos y antes de despedirse de las iglesias, y los trazos enredados de Camagüey, se pierde en la tranquilidad que provoca la vista.

Son casi las 6:00. A esa hora ocurren tantas cosas en la ciudad. La gente regresa a sus casas, a veces en el Parque, en el más concurrido de todos, hay muchos niños corriendo; un anciano vuelve a tomar café, los muchachos retan a las patinetas y buscan un espacio entre la muchedumbre aún conservadora.

La villa también es así. Parece vestirse de traje; erguida y orgullosa siempre espera lo mejor de quienes viven en ella. Pocas veces abre sus brazos al cambio que la supone como una tierra de encantos, que a ratos se deja seducir, y juguetea con lo nuevo y contemporáneo.

Desconfía, es cierto; pero ofrece oportunidad y se rinde ante la mirada de un joven enamorado. Son las 6:00. En la antigua Plaza de Armas las personas se detienen. La melodía indica un acto de solemnidad que ocurre cada día. La bandera ondea de prisa quizás; dice adiós;yen la despedida pacta otro amanecer conel Mayor General Ignacio Agramonte.

Hay alboroto en casa. Año 2021;2 de febrero. 6:00 de la tarde. Es una hora buena para contar historias. Tal vez porque cerca del ocaso cada uno de nosotros, los camagüeyanos, puede contar los mejores pasajes sobre la ciudad que reposa del ajetreo de una jornada de celebración.

No importa si aún no tiene título, ni un personaje principal, hoy no hay reglas. Camagüey lo merece; ahora sí, despiértela que es su día. (Foto: De la autora)



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