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Miércoles, 24 de Febrero de 2021 - 08:12:00 | 669 | |

Pepe y Gilberto, dos camagüeyanos retadores de las alturas

En este artículo: Día del Trabajador de las Comunicaciones, Informática, Electrónica, Cuba



«24 de febrero: Día del Trabajador de las Comunicaciones, la Informática y la Electrónica en Cuba»
Por Gladys Dailyn Morera Cordero/Radio Cadena Agramonte
Como un binomio de experiencia y juventud de “altura”, pueden calificarse los torreros de la División Camagüey de Radio Cuba, José Ramón Tamarit y Gilberto Ezequiel Márquez Blanco, de 68 y 30 años de edad, respectivamente.

Ambos conocen los riesgos de su labor, pero trabajan con compromiso más allá de las dificultades.

Pepe, como cariñosamente llaman a José Ramón, y quien lleva “toda una vida” en Radio Cuba, habla de tal certeza.

“Soy fundador de la empresa, pues comencé en el año 1973.  Actualmente soy torrero A y siempre me gustó este oficio, a pesar de que es muy arriesgado porque podemos perder la vida si no hacemos las cosas como deben ser. De ahí que haya que estar atento a cualquier detalle”.

“Me siento con salud y aunque estoy en edad de jubilación no pienso retirarme. Claro que ya a mis 68 años no tengo las condiciones físicas para subir a la torre, por lo que ayudo a las nuevas generaciones, desde abajo, a pasarles las herramientas para facilitar su labor”.

“Siempre estamos juntos los seis torreros del equipo de trabajo y nos retroalimentamos entre todos pues, no solamente ellos aprenden de mis experiencias, sino también yo lo hago y valoro mucho las potencialidades de nuestra juventud”, expresa el veterano.

Con verdadero espíritu juvenil, el camagüeyano Gilberto Ezequiel Márquez Blanco, también constituye un ejemplo en el desempeño de sus funciones.

“Trabajar aquí es una experiencia bonita. Yo fui torrero en la Empresa Eléctrica durante siete años, pero el curso lo pase aquí y me ayudaron mucho en mi preparación, principalmente Pepe. Ya llevo dos años y medio en la División Camagüey de Radio Cuba  y confieso que al principio no fue fácil porque se sienten vértigos cuando estás en lo alto, pero ya no me ocurre porque estoy acostumbrado”.

“He llegado hasta 225 metros de altura en la torre de Televisión Camagüey, que es la más alta que he subido. Aquí utilizamos todos los medios de protección, como el casco, el overol de manga largas, y siempre nos exigen revisar todo antes de subir”.

En la conversación, Pepe y Gilberto explican que antes del ascenso  a las torres, el jefe de brigada chequea cada detalle: la presión arterial, las medidas de seguridad, o simplemente pregunta si les preocupa algo que les impida estar concentrado en la tarea. Además, verifica que la torre esté en buenas condiciones antes de escalarla.

Modestos y silenciosos, ambos retan a las alturas con sus cascos, tornillos y cuerdas. Ellos toman el cielo por asalto y con paciencia unen travesaños, atornillan y alzan sus torres en el paisaje. Nada los detiene: ni el viento, la lluvia, la nostalgia o la preocupación por la familia.

“La familia siempre se preocupa porque es un trabajo en las alturas y están pendientes de los riesgos, por eso solo pienso en cuidarme porque en casa me espera mi razón de ser”, confiesa Pepe.

Mientras, Gilberto reconoce que la mayor preocupación son sus hijos de cinco y tres años, principalmente en estos tiempos en los que tiene que trabajar para garantizar la señal de radio y televisión en un contexto complejo por la situación epidemiológica, por lo que extrema las medidas de protección.

“Me siento muy dichoso cuando mi niño mayor pregunta si voy a subir al cielo. Ese orgullo hace que me sienta como un héroe para  él y entonces me cuido para que su orgullo crezca tanto como mi amor por él y el compromiso con mi trabajo”  

No hay satisfacción más grande para estos hombres que la de lograr que la señal radial y televisiva llegue con calidad a los hogares camagüeyanos.

Esa es la mayor recompensa para José Ramón Tamarit y Gilberto Ezequiel Márquez Blanco, quienes cada tarde, al concluir la jornada, guardan en silencio y anónimamente sus herramientas y marchan felices a casa con el deber cumplido. (Fotos: De la autora y cortesía de los entrevistados)

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