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Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.

¿Cuántas veces hemos mandado a guardar un documento, un documento deshonroso para la historia de la nación, para la nuestra?

No es solo el país, cualquiera de nosotros ha tenido que decir alguna vez: “No, no quiero saber nada de eso, no va con mis principios, no lo admito”.

La concepción de Cuba como un eterno Baraguá va mucho más allá de las más gloriosas páginas de la guerra y de la constante contrahegemonía de la Isla; está en cada uno de nosotros, seres que por idiosincrasia no nos perdemos una protesta. 

Contrario a lo que a veces tratan de hacernos ver los que no quieren ni respetan al país, los cubanos rompemos constantemente los silencios, lo mismo en una asamblea de lo que sea, que en la esquina de la casa, o frente a una mesa de dominó, y casi siempre lo hacemos para protestar, para ejercer el legítimo derecho a la crítica que cada vez que construye a favor de las mayorías, vale.

Lo que no podemos asumir, lo que no está en nuestra identidad, es el silencio, la permisibilidad de lo mal hecho, la conformidad por el mero instinto de preservación de una paz que no existe cuando no hay autonomía, independencia, respeto. Eso nos lo enseñaron Maceo y muchos otros; así crecimos, y así crecemos.

Lo que no podemos permitirnos es que la indiferencia nos haga cómplices, el cubano de verdad no sabe ser indiferente, no sabe quedarse callado cuando le ofenden, cuando le mancillan un símbolo, un paradigma, cuando intentan tergiversarle una verdad o manchar la imagen de otro cubano digno.

Eso no viene en nuestra piel y no tenemos ni podemos aceptarlo, nunca nos ha de satisfacer enajenarnos, pasar por apolíticos o acríticos, por eso, sean cuales sean las generaciones, la Revolución seguirá igual y a la vez diferente, revolucionándose dentro de nosotros, porque la sangre que corre en nuestras venas no va con la actitud estática ni con la falta de coraje.

Antonio Maceo lo sabía y por eso la Patria siempre le ha agradecido la protesta de aquel 15 de marzo, aunque no pasara de allí en ese momento. La Cuba de hoy, por pequeñas e insignificantes que puedan parecer nuestras acciones, nos agradecerá también, eternamente, la valentía de hacer honor a nuestra sangre de cubanos. (Imagen: Cubahora)



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