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Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.
A propósito de cumplirse un año del primer caso de COVID-19 en Camagüey

Camagüey, la ciudad de las iglesias y las plazas por recorrer, la de los tinajones para atrapar a los visitantes, parece haberse quedado sin razón de ser, parece haberse dormido y nosotros con ella.

Nuestro calendario ha empezado fuera de lo usual un 16 de marzo y concluye en este, sin final feliz, sin que sepamos cuándo terminará por fin.

Nuestro  paisaje ha olvidado los techos marrones, las cúpulas, los patios coloniales, para pintarse de rojo, de escafandras y trajes verdes y blancos; se ha reducido a lo que se anuncia detrás de los cristales, a las cintas en medio de las calles vacías, a las plazas en las que mejor ni nos paramos, a los sitios que ya no podemos frecuentar.

Madres y padres han quedado en casa cuidando a los pequeños, los abuelos han dejado de hacer los mandados porque les va en ello la vida, los niños ya no van a las escuelas ni juegan pelota en el barrio. Una realidad nunca imaginada desdibuja las tradiciones, amenaza con llevarnos otra vez las fiestas populares, nos priva de las tardes y noches de café, de expo, de teatro, de ciudad.

Y ahí, en medio de las iglesias y las plazas que ahora parecen intocables, estamos nosotros, mirando no muy lejos, contando los dos metros de distancia, andando con la prisa de quien no sabe a dónde va, pero escapa.

Y tras la huida de la muchedumbre que parece inevitable, se filtra necesario- al menos así- un beso de tela, lanzado a través de nasobucos, recepcionado en otros; un beso que puede salvarnos si no se ha infestado, si no se ha contagiado de virus, de desidia, de desilusión ni de exceso de confianza; un beso que una y otra vez tendrá que ser de tela hasta que se cierren los telones que se antojan aún abiertos.

Un año sí, y no suenan campanas en su nombre. No habrá celebración de aniversario, nadie saldrá felicitado aún. Este año traiciona el calendario y parece que no termina, hasta que lo cerremos.

Entonces sí, cuando por fin nosotros despertemos, cuando tiremos de las cuerdas y bajemos los telones, aplaudiremos a todos, médicos y enfermos, sanos e inmunizados y llenaremos otra vez los tinajones  del patio y beberemos juntos, con invitados incluidos, y cantaremos en las iglesias y las plazas, y despertaremos a esta ciudad en la que a muchos hijos nos van los sueños y la vida. (Foto: Juan Mendoza Medina/ /Radio Cadena Agramonte)



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