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Por Pedro Paneque Ruiz/Radio Cadena Agramonte

“El hombre que cumple el deber, lo cumple así, por el alto concepto que tiene de sus obligaciones, por el gran amor que siente hacia su causa”. Fidel Castro Ruz

Sesenta y dos años cumplen los Órganos de la Seguridad del estado en Cuba, poco más de seis décadas de duro batallar contra constantes planes del imperialismo yanqui para acabar con la Revolución, que es decir tronchar la soberanía e independencia de nuestra patria y anexarnos como una estrella más a su bandera y territorio.

Muchos se asombran y otros maldicen la eficacia en el proceder del G-2 cubano ante las criminales maquinaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses contra Cuba, sin detenerse a pensar por un momento que esa sólida coraza la componen humildes hombres y mujeres de un país que de manera decidida labra su futuro salvando escollos, que en no pocas ocasiones han cobrado valerosas vidas, pero que han propinado muchos y muy duros golpes a las organizaciones de espionaje de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, de Estados Unidos y a sus cipayos, dentro y fuera de Cuba.

El desempeño periodístico me ha permitido, conocer (y admirar) a muchos de esos soldados de la patria, quienes tras dejar el anonimato por desclasificación, se han reintegrado a la sociedad en sus funciones como maestros, trabajadores de diversas dependencias del universo económico y social, choferes, médicos, psicólogos oficinistas, historiadores, maestros, campesinos, periodistas…quienes continúan con un alto comprometimiento con la preservación de la obra que convoca y ocupa a la inmensa mayoría del pueblo cubano.

Vienen a mi mente nombres de sobresalientes combatientes como Luís Felipe Denis, Anibal Velaz, Luís Rodríguez Hernández, quienes se desempeñaron al frente del Ministerio del Interior o en funciones partidistas en esta provincia de Camagüey, después de haber cumplido en una etapa de sus vidas comprometidas y riesgosas misiones en el desmembramiento de las bandas y organizaciones contrarrevolucionarias y de bandidismo en la zona central cubana, y en esta propia porción agramontina.

Por cierto, Luís Rodríguez relataba en una entrevista al diario Granma que, en el Escambray, región donde se concentró la mayor cantidad de colaboradores trasladados a otras provincias, se confiscaron ocho mil caballerías de tierra y se crearon 30 granjas del pueblo.

Abrieron 13 hospitales de montañas, 72 escuelas, 70 tiendas del pueblo, ocho comedores populares, y se cruzó la Sierra de carreteras y caminos vecinales.

Luis sueña con llevar a la televisión toda la historia del Escambray, particularmente aquella que siguió después de la derrota de los alzados. «No solo le ganamos la guerra, sino que nuestro final fue más feliz de lo que apareció en nuestras pantallas» precisó en la ocasión, a propósito de su asesoría a la muy seguida serie televisiva “La Otra Guerra”...

Esas son fortalezas que hacen imbatibles las acciones de la seguridad del estado cubana y le imprimen el permanente vigor para desbaratar y neutralizar las maniobras contrarrevolucionarias, conscientes de que mientras haya imperio yanqui, habrá batallas que desarrollar en preservación de nuestra soberanía. (Foto: Archivo)



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