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Por Gladys Dailyn Morera Cordero/ Radio Cadena Agramonte.
Aniversario 60 de la creación de los círculos infantiles en Cuba
Este año, en que los círculos infantiles en Cuba arriban a los sesenta abriles de su creación, llegan a mi mente inolvidables y felices momentos relacionados con mi niñez que hoy evoco desde la infancia de mi hijo.

Para miles de madres trabajadoras -como yo-  resulta una verdadera garantía saber que nuestros hijos, además de educación, reciben en estos sitios mucho amor, alegría, salud,  buenos hábitos y conocimientos elementales.

Es realmente gratificante constatar que las educadoras en los círculos infantiles, con solo llegar allí dejan a un lado cualquier problema personal para entregarse a los niños con la única y suprema satisfacción de verlos felices.

Son esos mismos pequeños los que un día convertidos en maestros, médicos, ingenieros, científicos y en otros profesionales al servicio de la Patria expresan con orgullo: ¡Ella fue mi “seño” en el círculo!

Por tanto, la jornada deviene especial para reconocer a ese personal y expresar la más honda gratitud por tantas horas de cuidados mientras las madres permanecemos lejos en otras faenas, y sabemos protegidos y felices a los bebés.

La felicitación se extiende hacia quienes dirigen estos centros educacionales con  responsabilidad y entrega porque saben que tienen en sus manos lo más preciado de muchos hogares: a nuestros “príncipes enanos”.

En esta etapa difícil, marcada por la pandemia de la COVID-19, los círculos infantiles han demostrado su valía cuidando y educando a los niños para que las madres vinculadas a puestos indispensables puedan seguir activas laboralmente.  

Estoy segura de que tan compleja experiencia ha contribuido al fortalecimiento de dichas instituciones, por lo que son más que suficientes los motivos para celebrar este 10 de abril las seis décadas de su creación gracias al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y a Vilma Espín, eterna presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas.

Muchas madres seguramente ansiaban, tanto como yo, disfrazar a los hijos de médicos o policías, según suele ocurrir cada año para esta fecha, pero el destino quiso que la iniciativa fuera desde casa y de paso, una vez más, homenajear a los que desde esas labores arriesgan sus vidas enfrentando directamente a la pandemia.

Sé que las “seños” anhelan compartir este día con toda la matrícula del círculo, pero saben que ahora la distancia -en el caso de algunos- es importante para más adelante reencontrarse y compartir todos juntos.

Y es que son estas “casitas mágicas” donde los infantes se hacen grandes desde el amor y la ternura porque se trata de excelentes sitios para hacer amigos, aprender, crecer, formarse…

La trayectoria ha sido larga, signada por la superación constante y el amor infinito, y puedo asegurar que el mejor de los resultados se palpa en miles de cubanos -convertidos en hombres y mujeres de bien- quienes un día pasaron por los salones de un círculo infantil. (Fotos: Archivo y de la autora)



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