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Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz/ Radio Cadena Agramonte.
En estos tiempos de pandemia, posverdades y guerras mediáticas, renacen con más fuerza las palabras del invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz quien expresó que el primer deber sagrado de un periodista es defender la Revolución.

Para nadie es secreto que en los últimos meses se ha arreciado el hostigamiento y linchamiento por las redes sociales y medios “alternativos” hacia dirigentes, periodistas y personalidades del arte y la cultura de la mayor de Las Antillas.      

Por ende, esto no es casual; responde a un objetivo macro: subvertir desde todos los flancos el orden interno en Cuba, y con ello, propiciar un estallido social no solo en la Isla sino también en Latinoamérica. Tan macabra idea solo encuentra razón de ser y existencia en la mente de aquellos que apuestan por desestabilizar a la Revolución cubana, y borrar todos los avances que en materia de salud, educación y desarrollo son palpables en esta nación.   

 El politólogo norteamericano Gene Sharp nos ofrece la guía de cómo en cinco pasos derrocar un gobierno. En su ensayo De la dictadura a la democracia, Sharp propone un cambio de metodología, distante de los convencionales golpes de Estado militares, que a golpe de cañón destronaron a regímenes gubernamentales en años pasados.               

De acuerdo con el “libreto” del referido tanque pensante yanqui, que plantea a partir de 198 métodos cómo destruir a gobiernos por medio de "golpes suaves" -con medidas que van desde el debilitamiento gubernamental hasta la quiebra institucional-, el entorno subjetivo es el principal campo de batalla para que, con el uso de falsas noticias o fakenews -como se les conoce-, provocar histeria colectiva, malestar poblacional, enajenación, aversión social, en fin, crear crisis sociales que propendan a conflictos de gobernabilidad.          

Y sobre esta polémica y controvertida plataforma de manipulaciones infocomunicativas es que se erigen aquellos que, alejados de la verdadera realidad cubana, se jactan de desarrollar un periodismo “diferente”, “alternativo”, “independiente”, convocado a decir lo que según ellos se invisibiliza por los medios oficiales de la República de Cuba.   

Los medios de comunicación pertenecen al pueblo, por ende son propiedad social, y fungen como herramientas indispensables para emancipar los ideales de progreso refrendados en nuestra Carta Magna.

Ante la decisión soberana de la mayor de Las Antillas a gestionar sus modelos informativos no hay cabida para sujetos que con concepciones individualistas, y pagados por el imperialismo yanqui, deseen  proponer otras miradas mediáticas, que más de allá de ayudar, lo que hacen es confundir y subvertir la sociedad. 

Cuando afirmo de que estos “periodistas” laboran inspirados en el pago de unos dólares yanquis, y no son movidos por el sano juicio y la desinteresada vocación de construir un mejor país, asevero que son mercenarios, ya que la pluma de estos individuos no está en sintonía con los intereses de la mayoría de los agradecidos, sino que trabaja para ir en detrimento de la seguridad nacional, y por ende, representa a una minoría encaprichada en que Cuba renuncie a ser una nación libre, independiente y con espíritu de autodeterminación.       

Lo anteriormente expuesto se puede comprobar, pues así datos fidedignos lo corroboran. Por tan solo citar unos ejemplos, la agencia cablegráfica Prensa Latina denunció el 2 de febrero del presente calendario la estrecha relación entre la subversión en Cuba y el financiamiento del gobierno de los Estados Unidos.    

Declaró que medios “independientes” como  ADN Cuba, Periodismo de Barrio y Diario de Cuba entre otros, son pagados por el imperialismo yanqui.  La referida agencia cablegráfica latinoamericana en su nota se hizo eco de  un video difundido por el Noticiero Estelar de la Televisión Cubana, en el que Nelson Julio Álvarez -quien trabaja para el sitio ADN Cuba- reconoce que recibió entre 150 y 200 dólares por informar de manera distorsionada lo acaecido en torno a las provocaciones frente al Ministerio de Cultura de la Isla, el 27 de enero último.    

 Según este medio de prensa “en el audiovisual publicado en el grupo de Facebook Telescopio Cubano, el propio Álvarez ofreció detalles sobre su cobertura de las acciones contrarrevolucionarias, y la forma en que le pagaron”.

Por otra parte, asevera también Prensa Latina que “de acuerdo con el portal Cuba Money Project, el sitio web en cuestión, administrado desde Estados Unidos, recibió la suma de 410 mil 710 dólares el pasado año mediante la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID)”.   

Por último, en la nota se señala que “Cuba Money Project asegura que más de 124 millones de dólares se destinaron al propósito descrito como participación democrática y sociedad civil, alrededor de 38 millones para el tema de derechos humanos, y 25 millones dedicados a medios y libre flujo de información”.  

Entonces, sobradas son las razones para desmentir a los enemigos y pseudo-periodistas que atacan vilmente a la Revolución, y que en materia de Derechos Humanos, Comunicación y otros temas, intentan mancillar la obra noble de Cuba, de la que su Partido Comunista -el Partido de la continuidad- es precursor indiscutible junto a la genuina sociedad civil, compuesta por la mayoría de los agradecidos.    

Esta Isla seguirá venciendo con marcha recia y lealtad meridiana, y las nuevas generaciones de periodistas comunistas defensores de la verdad, así como el pueblo fiel a Fidel, Raúl, y la Revolución, no dejarán caer nunca las banderas del Socialismo. Por siempre con el fusil empinado y las botas puestas. (Imagen: Juventud Rebelde)



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