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Por Luis Cadir Machín/Radio Cadena Agramonte.
La historia injerencista de los EEUU contra Cuba, y que denunciamos en cuanta tribuna existe, consta de larga data; muchos son los acontecimientos que demuestran el desprecio del “vecino del norte” y sus ansias expansionistas con respecto a la mayor de las Antillas.

Para conocer los antecedentes de intromisión imperial hay que retomar en la historia los acontecimientos que facilitaron el dominio yanqui.

El 16 de agosto de 1898, con la firma del armisticio entre España y EEUU, el país ibérico aceptó la derrota y se fijó en esa fecha el día de la “independencia” del yugo colonial, ratificado posteriormente por el Consejo de Gobierno de la República en Armas.

Una vez dada esta situación histórica, el imperio del norte -desde la sombra- actuó con maquiavélica premeditación, pues siempre negó la beligerancia mambisa, no fue aliado de los cubanos y los excluyó de las negociaciones.

Otros elementos en su andamiaje colonizador  fue sembrar la discordia entre los jefes mambises y contribuir a disolver el Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí, para luego destruir la Asamblea de Representantes y licenciar al Ejército Libertador.

Todas estas acciones allanaron el camino para la anexión, sin embargo, aún quedaban bajo la manga otras “sutilezas” para hacer realidad la teoría de la fruta madura en Cuba: agregaron a la Constitución cubana la Enmienda Platt y apoyaron el ascenso de Tomás Estrada Palma a la presidencia, dando de este modo el tiro de gracia a los esfuerzos emancipadores.

Si bien es cierto que se instauró una república, esta no fue la anhelada desde Guáimaro y que continúo en las demás constituciones mambisas; se asentó, a cambio, un gobierno dependiente por casi 60 años.

Los males republicanos de entonces vinieron por cuenta del imperialismo y fue sucediendo un gobierno tras otro con la independencia arrancada. El pueblo sufrió y sintió en carne propia los desmanes.

El joven revolucionario y poeta Rubén Martínez Villena supo retratar la época con ardientes versos:

Mas, ¿adónde marchamos, olvidándolo todo:
Historia, Honor y Pueblo, por caminos de lodo,

si ya no reconoces la obcecación funesta
ni aún el sagrado y triste derecho a la protesta?

¿Adónde vamos todos en brutal extravío
sino a la Enmienda Platt y a la bota del Tío?

Y continuaba el líder comunista de la Generación del ´30 del siglo XX:  

Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las Revoluciones;
para vengar los muertos que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;
para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice de la Constitución,

Ante tanto y largo ultraje se imponía reivindicar la gloria de los insurrectos que se alzaron en la manigua, de Martí, Maceo y de los mambises que el general estadounidense William Shafter no permitió entrar a Santiago de Cuba en 1898; y el gran día llegó guiado por el más martiano de los cubanos -Fidel Castro Ruz- quien junto a otros patriotas no dejó que José Martí muriera en 1953, el año de su centenario.

Hoy, cuando la voracidad estadounidense continúa sobre esta isla antillana con nuevos métodos y actores de poca monta, se ratifica a los vendepatrias y al mundo que el 20 de mayo de 1902 lo que se instauró en Cuba fue una República Neocolonial tras el ejército norteamericano usurpar la victoria a los cubanos.

La verdadera libertad se conquistó de una vez y por siempre el 1ro. de enero de 1959 y desde entonces es esa la verdadera fecha de conmemoración nacional por la independencia. Por ello, tanto la Generación Histórica de la Revolución cubana como los que siguen defendiéndola gritan junto al pueblo ¡Viva Cuba Libre!  (Foto: Archivo)



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