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Cuba ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos africanos


La Habana, 25 may.- Entrada la noche de aquel 25 de mayo, hace hoy 30 años, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, daba la bienvenida al país al último contingente de combatientes que regresaba victorioso de Angola.

Al pie de la escalerilla del avión, el general de brigada Samuel Rodiles, jefe de la misión militar cubana en el país africano, daba el reporte sobre el completo retorno de todas las fuerzas, cinco semanas antes de la fecha acordada en la Declaración Conjunta con el Gobierno angolano (1 de julio de 1991).

Culminaba así la ayuda brindada por la nación caribeña ante las amenazas a la independencia de ese pueblo, y por la cual durante más de 15 años alrededor de 300 mil cubanos viajaron miles de kilómetros para luchar junto a los angolanos, en la llamada Operación Carlota.

El 4 de noviembre de 1975 había comenzado el traslado de tropas desde la isla, en respuesta a la solicitud del Gobierno del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), con Agostino Neto al frente.

Cuba cumplía de esa manera con un elemental deber internacionalista, explicó Fidel Castro el 22 de diciembre de 1975, durante la clausura del primer congreso del Partido Comunista del país caribeño.

Simplemente aplicamos una política de principios. No nos cruzamos de brazos cuando vemos a un pueblo africano, hermano nuestro, que de repente quiere ser devorado por los imperialistas y es brutalmente atacado por África del Sur, dijo en esa ocasión.

La decisiva participación antillana junto a las inexpertas Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (Fapla), permitió inclinar la balanza y derrotar a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita) y al ejército sudafricano.

Los triunfos militares de Cuito Cuanavale, Quifangondo, Cabinda, Ebo y la heroicidad mostrada en Sumbe y Cangamba labraron el camino, junto a las acciones diplomáticas, para que el 22 de diciembre de 1988 Cuba, Angola y Sudáfrica firmaran un acuerdo que cambió la historia del llamado continente negro.

El convenio no solo establecía la seguridad de Angola y la paz entre los países del suroeste africano, sino que garantizaba la independencia de Namibia.

El líder sudafricano Nelson Mandela le atribuiría otra significación a este triunfo: la de convertirse en el punto de giro definitivo para completar la liberación del continente, incluida la derrota al régimen del apartheid.

El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan, expresó Mandela en su visita a la nación caribeña en 1991.

Cuba había prometido que de Angola solo se llevaría la entrañable amistad, el agradecimiento del pueblo y los restos mortales de sus queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber, como afirmara en diciembre de 1976 el General de Ejército Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Y así fue. Los cuerpos de dos mil 85 combatientes que ofrendaron su vida en esa lucha, junto a otros 204 que murieron mientras realizaban tareas civiles, fue lo único que trajeron desde tierras africanas las tropas caribeñas.

No aspiraban los cubanos a nada material, como sostuviera Fidel Castro en 1975: Algunos imperialistas se preguntan por qué ayudamos a los angoleños, qué intereses tenemos nosotros allí. (…) áNo! Nosotros no perseguimos ningún interés (…).

Tres décadas después, la amistad y la libertad emergen como los verdaderos triunfos de aquella epopeya.

Esas misiones cumplidas conjuntamente en el mismo puesto de combate –señaló el general Samuel Rodiles–, donde junto han muerto uno al lado del otro, angolanos y cubanos, ese lazo de amistad jamás podrá despedirse. (Texto y foto: PL)



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