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La Habana, 11 jul.- Retada por las contingencias con una asiduidad mayor que la deseada, la Defensa Civil cubana arriba a su 55 cumpleaños el 11 de julio de 2021, aunque también la fecha del 31 de julio de 1962 se consigna como la del inicio de las acciones encaminadas en esa directriz, sin llegar a las disposiciones oficiales y reglamentarias.
 
De modo que el 11 de julio de 1966 es un jalón importante en esta historia, porque en dicha jornada se aprobó la Ley 11/94 que oficializó el surgimiento de la Defensa Civil cubana, luego de la traumática experiencia que trajo a los connacionales la pérdida de unos mil 200 compatriotas de la región oriental, a consecuencias del paso del huracán Flora en 1963.
 
Con un esfuerzo concienzudo, el Estado se propuso movilizar e implicar a todas las fuerzas de la sociedad en la tarea organizada y bien estructurada de la protección de vidas y bienes materiales ante desastres naturales y otras situaciones de emergencia.
 
El trabajo intenso comenzado desde entonces se vio reforzado en 1977 con la Ley 13/16, dirigida al perfeccionamiento de acuerdo con la nueva división político administrativa ocurrida el año anterior, de la que nacieron nuevas provincias y municipios cubanos.
 
Posteriormente, en 1994, se aprobó la Ley 75 de Defensa Nacional, que patentiza la voluntad política del Estado como ente dirigente de la vital institución.
 
El presidente del Consejo de Estado es la máxima autoridad de la Defensa Civil, aunque en la práctica funciona un Estado Mayor de autoridades y expertos, ejecutores y coordinadores principales de sus objetivos de trabajo.
 
Igualmente, la creación de los Consejos de Defensa en los distintos niveles territoriales dio un mejor acabado y sentido de profundidad necesario al abarcador sistema.
 
Ha sido la propia vida, como se afirmó al principio, quien se ha encargado de tributar periódicamente, y aún de manera inesperada, contenido de trabajo y pruebas de fuego, tanto al Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, como a todo el sistema de estructuras homólogas diseminadas en provincias y municipios del país.
 
Hay que hablar de una cobertura que beneficia a toda la población cubana y sobre todo a territorios vulnerables, de acuerdo con estudios científicos y muy puntuales de la propia Defensa Civil (DC) e instituciones técnicas y universitarias del país, pues en tiempos de recrudecimiento del cambio climático impulsado por causas antropológicas, los descuidos pueden pagarse demasiado caro.
 
No se puede afirmar que el trabajo de prevención y enfoque integrador, propio de la Defensa Civil cubana, haya resuelto todos los problemas pendientes, pero sí se sabe que avanza con logros en un camino difícil, obstaculizado por el feroz bloqueo económico, financiero y comercial impuesto a la isla por el gobierno de Estados Unidos.
 
Cada nación organiza su Defensa Civil de acuerdo a su ubicación geográfica, su geomorfología, desarrollo económico y social, entre otros factores importantes que la definen.
 
Los objetivos de la DC tienen en cuenta esos factores, y además la experiencia de tantos años de trabajo ha llevado a buscar lo que llaman un enfoque integral del manejo de la gestión de riesgo, como ya se dijo anteriormente.
 
La estructura coordina y organiza los aportes del resto de la sociedad a las tareas ingentes de prevención, protección, salvamento, resguardo y recuperación, pilares básicos de su entrega, todavía animados por el espíritu de aquellas milicias nacionales de que nacieron en los míticos años 60.
 
De tales tiempos parecidos a una epopeya se guardan la plena disposición combativa, la disciplina, el espíritu de hermandad y cooperación, la entrega sin límites, el patriotismo.
 
Con reservas morales que conducen a mantener al país preparado y alerta, algo que se hace realidad nuevamente en la hora de la pandemia de COVID-19 que acrecienta sus niveles de contagio y difusión en todo el territorio nacional, cuando todavía la vacunación no ha alcanzado la masividad necesaria.
 
Una de las responsabilidades del Consejo Nacional de la Defensa Civil ha sido su contribución al enfrentamiento al virus, junto con el resto de las fuerzas del país, como lo ha hecho con plagas en los cultivos y epizootias, en la proliferación del caracol gigante africano. También, en la contención de lamentables derrames de hidrocarburos ocurridos de manera accidental, en meses precedentes.
 
Los Centros de Gestión para la Reducción de Riesgo de Desastres son hoy piedras angulares del trabajo de la DC, que ha despertado interés y propiciado la colaboración cubana con otras naciones caribeñas y del sur del Pacífico.
 
Son contribuciones inapreciables los esfuerzos por dar a conocer y cumplir las medidas sugeridas por los Estudios de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgo, que disponen de una actualización de los elementos que incrementan las vulnerabilidades en municipios y regiones del país.
 
También, el esfuerzo por hacer que se respete la vigente Ley de las Aguas Terrestres y el respaldo total a la ejecución de la multisectorial Tarea Vida, de perentoria importancia ahora.
Volviendo a los tiempos corrientes, la DC cubana volvió a dar muestras recientes de su grado de especialización y combatividad cuando encabezó, con otras instituciones competentes como el Ministerio de Salud Pública y el Instituto de Meteorología, las acciones de resguardo y prevención ante los peligros que representaba la tormenta tropical Elsa, en medio de la severidad de la epidemia.
 
A pesar de no haber podido desarrollar su acostumbrado ejercicio Meteoro en 2021, las contingencias de la vida la pusieron a prueba nuevamente y puede decirse que salió más que airosa de tamaño examen. Sin dormirse para nada en los laureles, inspirando siempre confianza en todos los cubanos. (ACN) (Foto: Archivo)

 



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