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Por Dania Díaz Socarrás/Radio Cadena Agramonte
Entrar a las redes sociales en estos días, más allá de las complejidades de conexión, es un verdadero ejercicio de resistencia psicológica, un reto a que no te penetren las balas que parecen ir y venir, y un motivo de preocupación para muchos cubanos dignos, que desde fuera del país o de una localidad a otra, sienten temor por sus familias, sobre todo a causa de farsas y manipulaciones.

Pensar es un derecho, pero sembrar el miedo no y hay una notoria distancia entre las voces de Patria y Vida, Libertad u otras que generaron mayor desconcierto, entre las inconformidades, las dudas y argumentos, los diálogos y discusiones admisibles, y los golpes de palos y piedras, los lesionados que se reportan en los sitios de mayores intentos de desestabilización y los temerosos ante la poco acostumbrada presencia de tales disturbios en algunas de las calles de nuestra Isla.

Allí, en la guerra virtual, se asegura el pago para los de adentro y se exige a cambio publicar al precio que sea.

Allí, se agrede hasta con programa informáticos -conocidos como bots- a quien apoya a la Revolución, y se agregan videos e imágenes de cualquier lugar, muchas de ellas trucadas, para que los de adentro, esos pocos de adentro, crean que es suficiente el supuesto "apoyo", que están en el principio del fin de no sé qué y para que salgan a las calles otra vez.

Aquí, en la vida real, sales, caminas por la ciudad después de escuchar una grotesca versión de la Toma de la Bastilla en Camagüey y solo aparece pueblo, el pueblo atento para cuando haga falta y atenta la policía porque las leyes, sí, como se ha dicho ya, están para hacerlas cumplir.

Aquí en la vida real, no obstante, hay todavía gente adolorida en cuerpo y alma, gente de esa que esperó a ver con qué argumentos venían los que se erigieron también como parte del pueblo, pero que solo alcanzó a escuchar el sórdido escándalo de los de la más triste avanzada, los que parecían acabados de recibir cuerdas, los que no intentaron hablar ni escuchar y se fueron encima de los demás con palos, piedras y gritos.

Hay gente a la que le dolerá por mucho tiempo haber visto niños lanzar piedras alentados por adultos inconscientes.

 ¿Acaso la orden que recibieron no traía incluida la tan llevada y traída opción del diálogo?

No, porque para las cámaras importaba más el espectáculo, importaba más gritar que "no me toquen" sin que nadie los tocara, dar contra el suelo para que el ruido fuera mayor y agredir, agredir mucho como si se les hubiese borrado de repente la palabra "humana", usada como apellido de intervención para disimular las intenciones, poco después de que echara a andar la nueva fase de la vieja maquinaria de guerra no convencional.

La guerra avanza en las redes, la cuerda sigue dando vueltas y al final para qué.

Tanta supuesta guerra que no llegó a clasificar siquiera como estallido social y con qué fin. ¿Dónde está el proyecto de país? ¿Dónde está el futuro si es que esa palabra puede lidiar con desconciertos, temores y exageraciones que se suceden para intentar sustituir a los 11 millones que no quieren que les arrebaten su Patria.

Hay mucha gente que aún lamenta haber tenido que enfrentar a otros camagüeyanos, a otros cubanos, y me pregunto ¿dónde está en medio de todo esto la utilidad, dónde está la virtud? ¿De qué nos serviría la guerra virtual y nada virtuosa que nos venden los troles o los que disfrutan mientras mandan a unos pocos a dar y recibir violencia?

En la guerra virtual avanza la artillería ligera y casi llegan los tanques, cualquiera que vea los post lanzados desde fuera podría imaginarlo. En las calles la realidad es otra, muchos salieron al llamado vigilante en cada una de sus cuadras y allí estarán porque los acompaña, a esos sí, la utilidad de la virtud. (Foto: Internet)



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