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Por Mónika de los Ángeles Escobedo Artola/ Radio Cadena Agramonte.

La COVID-19 marcó de múltiples formas la vida de cada ser humano; implantó en todo el mundo una nueva normalidad llena de reglas, miedos, alertas y precauciones, y es en esta cotidianidad donde a los más pequeños de la casa les ha tocado crecer.

Adele Cristina Peñate Gómez, es una pequeña camagüeyana de siete años de edad, que gracias a animados instructivos, spots televisivos y las enseñanzas del hogar, tiene conocimientos sobre este asunto y lo explica con la ternura e inocencia propias de los niños.

“Bueno, es como un catarro, pero no es como el catarro normal. Es un catarro más malo que el normal, que enferma mucho más a las personas”.

Aun con su corta edad, ella sabe y transmite muy bien a los que estamos a su alrededor, todo lo que hay hacer para no enfermarse con este “catarro malo” y cuenta cómo es que aprovecha el tiempo en casa:

“Para cuidarse hay que ponerse el nasobuco, lavarse las manos y quedarse en casa. Para no aburrirme, mientras estoy aquí yo juego con mis juguetes y con el perrito, pinto, veo muñequitos, y estudio las asignaturas El mundo en que vivimos, Lengua Española y las tablas matemáticas.”

Con una bella sonrisa, Adele habla conmigo, y luego de que le pregunto por un consejo para aquellos que “no se portan bien”, ella, llena de picardía infantil, responde:

“Yo que soy una niña pequeña, le digo a todos los adultos y a todos los niños que se queden en casa”.

Los niños ven el mundo de forma más simple pero son capaces de interiorizar ciertas cosas mejor que muchos adultos, en sus almas solo hay amor y felicidad, así que de todo hacen una fiesta; es por esta razón que son sinónimo de esperanza y la luz que ilumina el mundo.  (Foto: de la autora)



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