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Tomado de Jit.

Tokio, 9 ago.- Aunque su protagonismo estaba pronosticado, la conquista de cuatro títulos convierte al boxeo en hacedor de una hazaña que rebasa los límites de su aporte a la impresionante ubicación de Cuba en el lugar 14 del medallero de los XXXII Juegos Olímpicos.

Comencemos por recordar que el torneo varonil concluido la víspera convocó acciones en siete divisiones, tres menos que las disputadas en Río de Janeiro, donde la Isla contó con exponentes en todas y cosechó una tríada de cetros y otros tantos bronces.

Ahora la escuadra conducida por ese estratega tan brillante como sencillo que responde al nombre de Rolando Acebal arribó aquí con siete domadores y completó su botín con un bronce, lo que significa que solo dos cayeron camino al podio.

El mérito de tributar más de la mitad de los siete baños de oro disfrutados por la delegación cubana se realza desde varios factores, incluidas las coronaciones de Julio César La Cruz (91 kg) y Arlen López (81) en divisiones en que apenas habían peleado oficialmente.

Monarcas de la versión precedente, en 81 y 75 kilos, por ese orden, ascendieron tras el Campeonato Mundial de Hamburgo 2019, pero la llegada de la COVID-19 impuso su casi nula aparición en escenarios internacionales y ello siempre pesa a este nivel.

A propósito de la pandemia, vale igualmente precisar que ese alejamiento del fogueo competitivo no azotó con igual intensidad, porque europeos y asiáticos, por ejemplo, estuvieron más cerca de los certámenes que subsistieron a ella.

Acebal y su colectivo, sin embargo, necesitaron reajustar más de una vez la preparación, con largos y duros segmentos de trabajo individual en casa, traslados a Camagüey, e incertidumbres en torno a un clasificatorio continental que terminó suspendido.

De ahí el valor de la sapiencia demostrada, imprescindible, además, para deshacer el tedio que suele aparecer en concentraciones prolongadas como la vivida a manera de “burbuja” en la escuela nacional.

Otro elemento merecedor de destaque tiene que ver con la manera en que la longevidad de figuras como el campeón Roniel Iglesias (69) y el bronceado Lázaro Álvarez (57) se erigió en fortaleza, como sucedió con el capitán La Cruz, líder con ratificada capacidad aglutinadora.

Él, Roniel y Arlen se reencontraron con lo más alto del olimpo, el segundo de ellos con el añadido de cubrir su cuarta incursión y poseer también un bronce, y Lázaro accedió a su tercera presea consecutiva de ese color, “detalles” que enaltecen la obra.

Ahora son 41 las fajas de Cuba en este deporte en justas bajo los cinco aros, y por segunda ocasión tres de sus estrellas regresan con el rango de bicampeones completado en una misma edición, luego de que Héctor Vinent (63,5), Ariel Hernández (75) y Félix Savón (91) repitieran en Atlanta 1996 sus hegemonías de Barcelona 1992.

Las estadísticas reflejan además que Andy Cruz (63) reeditó un hecho ajeno a su división desde que el ucraniano Vasiliy Lomachenko dominó en Londres 2012 en poder de la faja universal, y que nadie había mandado en los 75 y después en los 81 kilos, como ahora Arlen.

La Cruz elevó a siete los premios de su categoría en las últimas ocho incursiones de Cuba, pero por encima de todo eso, que también ilustra sobre la página escrita en la capital nipona, está el sentido de compromiso y la unidad que le hicieron posible.

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La labor del personal médico, la entrega de los jóvenes miembros de un cuerpo de entrenadores que tiene continuidad asegurada, y la inspiración en quienes marcaron el camino, como los profesores Alcides Sagarra y Sarbelio Fuentes, fueron armas para la batalla.

Todo eso respalda los lauros de los que también son parte técnicos y otros especialistas quedados en la Isla, y cada uno de los trabajadores que aseguran un proceso tan exigente en una escuela que es hogar.

Sin presencia en un sector femenino que otorgó seis juegos de preseas, Cuba encabezó el medallero único de esta disciplina en suelo tokiota, con Gran Bretaña (2-2-6) y China (1-1-4) como principales escoltas, y una potencia como Kazajistán reducida a par de bronces.

Habrá que mirar hacia adelante, porque asuntos como renovación y respuestas al nuevo diseño de categorías aprobado para el Campeonato Mundial de septiembre requerirán otra vez del talento que generó tantas alegrías, pero ahora toca elogiar al buque insignia. (Foto: Jit)



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