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La Habana, 22 ago.-  La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), arriba a sus 60 años de vida cuando todavía resuena dentro y fuera de Cuba el recordatorio fecundo de las históricas Palabras a los intelectuales pronunciadas por el joven líder de la Revolución, Fidel Castro, a mediados de 1961.

De ese modo cabría pensar que el poeta cubano Nicolás Guillén fundó la organización, el 22 de agosto de 1961, fuertemente inspirado por tales pronunciamientos, reafirmantes de la esencia liberadora, profunda, múltiple y abarcadora que las transformaciones revolucionarias traían a todos los ámbitos de la vida nacional.

A la luz de estos días de creciente bloqueo y agresión, la vigencia y verdad del ideario del líder fueron puestos de nuevo en su lugar, a contrapelo de las difamaciones y manipulaciones de las campañas políticas enemigas, activadas criminalmente en tiempos de pandemia.

Nadie puede ignorar hoy, tanta agua pasada después de su fundación, la significativa contribución de la Uneac a los esfuerzos de otras instituciones y de la sociedad en general para hacer profundos  los sentimientos y esencias de la identidad cultural de un país en transformación, siempre ricos y en demanda constante de acendramiento y de renovación en cada generación, algo que es necesidad histórica.

El hecho de que una figura tan connotada de la cultura nacional como Nicolás Guillén promoviera su nacimiento y la presidiera por 25 años, fue motivo de honor y orgullo de los creadores y demás afiliados del ente.

Quien fuera también reconocido como Poeta Nacional de Cuba tenía una  obra sobresaliente y prestigiosa por entonces, ganada desde los años juveniles, no solo mediante su lírica entrañable y rica, sino  también con su prosa, su decoro y ética.

Fiel a sus orígenes, desde el primer día la Uneac se proclamó defensora del proyecto de justicia social e independencia nacional de la naciente Revolución cubana y cerró filas junto al resto de la sociedad, empeñada en construir un mundo mejor, sobre todo en los ámbitos de los sueños, la espiritualidad y el intelecto.

Un deber social repleto de complejidades y desafíos pues en estos dominios inapresables de la naturaleza humana es donde habita la mayor diversidad, riqueza, variaciones infinitas, agudezas y sensibilidad. El tesoro espiritual o miserias de los humanos.

Alejada del culto al ego o las viejas torres de marfil, la Uneac optó por el camino que protege el derecho a la creación individual y colectiva, al tiempo que preconiza el compromiso y la interacción con la sociedad dentro de la que estaba insertada. Con ello también asumía plenamente su nombre.

Fueron inolvidables fundadores de la organización  Roberto Fernández Retamar, Lisandro Otero, José Lezama Lima, Argeliers León, Juan Blanco, Pablo Armando Fernández, José A. Baragaño, Alejo Carpentier, Harold Gramatges, Fayad Jamís y Luis Martínez Pedro, entre otros.

Hoy se considera invaluable  lo que ellos ofrecieron para hacer de la sede de la institución y sus filiales en todo el país un espacio de convergencia,  no siempre complaciente, de la intelectualidad cubana, amén de diferencias entre modos de creación y visiones cosmogónicas. Un largo y arduo proceso también se encaminó y todavía lucha por erradicar prejuicios, muros mentales ancestrales y temas tabúes. Uno de los imperativos actuales.

A los narradores y poetas que integran la Uneac, suman también los artistas de las diversas manifestaciones: actrices y actores, trabajadores de la plástica, artesanos… un amplio espectro de una parte importante de la sociedad cubana relacionada con el pensamiento y la belleza.

Lejos de las funciones sindicales, durante su existencia ha mejorado mecanismos para estimular, proteger y defender la creación intelectual y artística, reconocer la libertad de creación, favorecer el estudio, la valoración crítica y difusión, tanto nacional como internacional, de las obras representativas de la cultura cubana.

Los cubanos han sido testigos de su vertical firmeza en el rechazo y combate de manifestaciones enemigas contrarias  a los principios de la Revolución.

Si bien el artista o creador de oficio han estado en la mira de esta institución, también está en su espectro de trabajo contribuir a la preservación y difusión de los valores intelectuales y artísticos del pueblo cubano y  divulgar valores representativos de otras naciones.

Con el empeño de honrar una tradición de sus predecesores, la entidad sigue manifestando en voz alta su interés por la humanidad, la diversidad cultural, la integración latinoamericana, el respeto a los derechos humanos y la condena al terrorismo y al inhumano y recrudecido bloqueo que Estados Unidos ha impuesto al país.

Encabezada en la actualidad por el realizador de radio y televisión Luis Morlote Rivas, quien tomara el batón de manos del prestigioso intelectual Miguel Barnet, la Uneac continúa siendo  un estandarte de la lucha contra la excesiva banalización, vulgaridad y mimetismo de ciertas obras y creadores de la cultura y su difusión insensata en algunos medios.

Además, tiene el objetivo de contribuir a mejorar la educación, el hábito de lectura y la promoción de los verdaderos valores de la cultura y la sociedad cubana en general.

En su aniversario 60, la Uneac luce una trayectoria viva, compleja, abre caminos, siempre hacia adelante y principista, patriótica y fiel, siempre dentro de la Revolución. Felicidades. (ACN)



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