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Por Rosa María Moros Fernández/Radio Cadena Agramonte.
El ser humano, como individuo y como especie, ha creado lo que es, desde el origen de los tiempos,  a partir de una serie de opciones y decisiones, algunas más afortunadas que otras.

Atemperando esa certeza a las circunstancias que vivimos, en batalla desde hace más de año y medio contra el nuevo coronavirus, vale la pena calibrar cuán acertadamente hacemos nuestras elecciones, y cómo desde la responsabilidad individual podemos contribuir a que el país retome de forma paulatina los grandes retos que plantea el avance económico y social, pese a las actuales condiciones higiénico-epidemiológicas.

En reiterados encuentros del Grupo Temporal de Trabajo para el enfrentamiento a la pandemia, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, ha insistido en la necesidad de controlar la situación sanitaria provocada por la COVID-19 para la reapertura gradual de la nación.

El jefe de Gobierno ha sido categórico al afirmar que: “Necesitamos ir abriendo el país, reactivando la economía y las actividades sociales”, y en tal sentido ha recalcado la importancia de trabajar en mecanismos de control permanentes que permitan sostener una situación favorable, en cada territorio.

En lo que respecta a la provincia de Camagüey, el incremento de casos reportados en los últimos días, indica que aún cuando están vigentes rigurosas medidas de restricción de la movilidad, es preciso un actuar más enérgico por parte de las autoridades contra quienes irrespetan las más elementales normas de convivencia y disciplina social, tal y como precisó hace solo unos días el Dr. José Ángel Portal Miranda, ministro de Salud Pública.

Tras un mes de agosto complicado, la primera quincena de septiembre exhibe similar tendencia en cuanto a casos positivos y fallecidos, y si bien la mitad de las personas diagnosticadas se concentra en la ciudad cabecera provincial, el nuevo coronavirus está disperso por el resto de los 12 municipios, con una tasa superior a la media provincial en Santa Cruz del Sur, Sierra de Cubitas, Sibanicú, Guáimaro y Esmeralda.

Después de tantos meses de convivir con el nuevo coronavirus, todavía hay quien hace caso omiso a exhortaciones básicas, como protegerse con la mascarilla; mantener el distanciamiento físico; cumplir las medidas higiénico-sanitarias; evitar los espacios cerrados y las multitudes.

Las alertas se reiteran… y no siempre se acatan como debieran. Y el hecho cierto es que aún cuando el combate a la COVID-19 concentra grandes esfuerzos, el país tiene por delante otros retos de envergadura que atender, entre los que sobresalen objetivos económicos estratégicos, con énfasis en la producción de alimentos y la captación de divisas frescas.

Ciertamente, aún con la presencia de la enfermedad, tenemos que estar en condiciones –desde una óptica renovada—de producir y seguir avanzando.  La vida es el bien más preciado que tenemos. Entonces, la opción de preservarla la decidimos todos y cada uno de nosotros, para desde el presente, seguir construyendo el futuro.  

Más allá de medidas, protocolos y vacunas, queda claro que, frente a la COVID-19, la única decisión válida es cuidarse… y cuidar a los demás. 



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