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Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz/Radio Cadena Agramonte

En cuestiones de memoria histórica, cuando se tiene algún “síntoma de Alzheimer”, las consecuencias pueden ser desastrosas. Este siglo, embriagado por las tecnologías de la información y saturado por una industria cultural con patrones clasistas y enajenantes de consumo, es más vulnerable.        

Resulta evidente en Latinoamérica que algunos de nuestros vecinos al olvidar el triste pasado de los gobiernos dictatoriales y golpistas, de la extinta ALCA divisora de los pueblos, del hambre, de la desigualdad social y la exclusión, desgraciadamente reviven esos males.

La ultraderecha en complicidad también con la Organización de Estados Americanos no descansa en el afán de demostrar que su modelo económico neoliberal, sus mecanismos formales de democracia, y sus “recíprocos” convenios en temas de relaciones internacionales, constituyen “el mejor camino para el progreso social”. Los medios de comunicación capitalistas a diario inyectan visiones erradas y ahistóricas de la realidad.       

¿Podemos hacerle frente a tal panorama? En el legado de Fidel, Raúl y Chávez tenemos un manual de resistencia político-cultural. Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, por citar algunos países con un espíritu de autodeterminación en sus gobiernos, son paradigmas para desmentir, desacreditar y eliminar mitos y cadenas del genocida neocolonialismo que nos quieren imponer.  

La reciente VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, y que tuvo como sede esta vez a la hermana nación de México, estuvo matizada por la voluntad expuesta para el avance unitario dentro de la diversidad y en la integración regional, por el bienestar de los pueblos, y la necesidad de reafirmar la vigencia del acervo histórico de la Patria Grande.

La convocatoria a fortalecer la conciencia de que en la hermandad latinoamericana está el mecanismo de concertación y diálogo políticos de América Latina y el Caribe, ratificó a este espacio como el ámbito idóneo para la promoción de los intereses comunes de nuestros Estados. 

Constituyeron puntos clave el diálogo sobre la base de la confianza entre los gobiernos, el respeto a las diferencias en las relaciones de tipo económica, social y cultural, la construcción de soluciones propias para promover y mantener la paz, el desarrollo inclusivo y sostenible de nuestros pueblos, y el impulso a la agenda regional en los foros globales. 

Asimismo, en la cita se abogó por el consenso para crear mecanismos de cooperación, y enfrentar de manera efectiva a la pandemia de la COVID-19, mediante el acceso equitativo a las vacunas y la producción de medicamentos en la región, y se reiteró el llamado a la unidad de América Latina y el Caribe, más allá de las diferencias políticas entre los países de la referida área geográfica.        

Latinoamérica todavía puede decidir su futuro. Como dijera nuestro Che: “esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar”. Y camina victoriosa hacia el futuro por líderes como nuestro primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y por hombres valerosos como Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Luis Arce, entre otros muchos más que le han puesto el corazón a la obra noble y bella de la vida.  

La lucha constante contra el Alzheimer histórico es la divisa de ese mejor porvenir. El sacrificio justo de los hijos de estas tierras no se puede ignorar. Y como ha reiterado en varias ocasiones el prestigioso historiador cubano René González Barrios, cuando aseveró que “en el olvido de la historia está la derrota, y en su rescate habita la salvación del pasado, presente y futuro de los pueblos”. (Foto: Cubadebate)      



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