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Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz/Radio Cadena Agramonte.
Que nadie se engañe con la ilusa idea de que las maquinarias mediáticas son imparciales, apolíticas y libres de orientaciones ideológicas. Toda letra esbozada en cualquier columna social, noticia, reportaje, o género periodístico lleva en sus entrañas una inclinación, un mensaje de respaldo, una apología de la clase económicamente dominante. El que paga, manda. Y esto que asevero es más real que nosotros mismos.  

A cada rato se destapa, como un sapo debajo de una fría roca, lidercillos que venden con hipócrita devoción la premisa de que solo se podrá aspirar a un mejor periodismo, a una eficaz comunicación pública, a una democratización del acceso y difusión de la información, solo y solo si estos se “despojan” de todo vestigio preferencial político por la defensa en particular de un modo específico de encarar u axiologizar la vida en sus múltiples miradas, tomando como punta de lanza las necesarias y muchas veces vilipendiadas “libertades de expresión, de prensa, y de acceso a los contenidos informativos varios”.                 

Vivimos tiempos permeados de posverdades, guerras no convencionales, brutales operaciones político-comunicacionales, y producciones escandalosas de fakenews impulsadas por las redes “sociales” digitales y medios de comunicación de ultraderecha, en donde la zona limítrofe entre la verdad y la mentira se pierde, desvanece, palidece. Y Cuba no está exenta de ataques de esta vorágine mediática criminal, encontrando en el imperialismo yanqui su principal artífice.             

Nadie puede negar que en la actualidad  los enemigos de la Revolución cubana, dentro y fuera de la mayor de las Antillas, intentan trasladar el aparente caos generado por ellos en el ciberespacio hacia nuestra realidad física, mas, frente a esa arremetida mediática, los agradecidos debemos ganar cada día más en cultura de cómo lidiar con la imparable sociedad tecno-mediática global, con sus interconexiones, comunidades en red, y diversos canales info-comunicacionales que toman auge en el vertiginoso desarrollo de las poderosas plataformas en línea.       

Todo Estado tiene derecho a defenderse y Cuba, como nación que aspira a mantener su soberanía, y que hace de la libre determinación de los pueblos un culto perenne para promover la pacífica convivencia internacional, articula cuerpos legales que, dentro y fuera del archipiélago, poseen la misión de preservar la integridad nacional. 

Por ello, el acceso, uso y empleo de tecnologías y telecomunicaciones de personas naturales y jurídicas en la Isla, encuentra su oportuno respaldo en el implementado Decreto Ley Número 35.   

El viceministro de Comunicaciones, Ernesto Rodríguez Hernández, en reciente comparecencia en el espacio radio-televisivo Mesa Redonda, explicó que el referido cuerpo legal establece normas jurídicas sobre el tema, y que no está alejado de lo establecido por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, y de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información de Naciones Unidas de 2003 y 2005.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones reconoce el derecho soberano de cada Estado a regular las actividades en materia de info-comunicación, y toda legislación que contribuya a salvaguardar la economía y otros sectores de la sociedad.

Por ende, se sanciona en cualquier nación el maniobrar de las tecnologías y las telecomunicaciones con fines terroristas y acciones contra la estabilidad y seguridad internacional.

Es vital destacar que el Decreto Ley Número 35 establece beneficios para la ciudadanía como la protección del consumidor, y responsabiliza al Ministerio de Comunicaciones como gestor y velador público de cumplir con sus deberes y, ante quejas y reclamaciones de la población, atenderlas y darles respuesta. 

Moraleja, tengamos siempre presente el sentido común ante este globo terráqueo infoxicado, y seamos consecuentes con nuestras acciones en internet, en especial en el uso de las redes sociales, que a veces, al estar tan atiborradas de mentiras y plagadas de tantas falacias, nimiedades y banalidades, pudiera afirmarse con total probidad que son más bien “antisociales”.

El desarrollo tecno-mediático no se puede negar, por ello, frente a la necesidad de cuidarnos en el ciberespacio como Estado, pueblo y Revolución, nuestras instituciones educacionales y las familias todas han de fungir como agentes promotores de una cultura info-comunicacional responsable y resiliente. (Imagen: tomada del portal CUBA.CU)   



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