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EDITORIAL
Llegamos a un nuevo aniversario de la clarinada libertaria del 10 de octubre de 1868, en pleno combate por la soberanía de la Patria, inspirados en el legado de Carlos Manuel de Céspedes, en la hidalguía de la mambisada durante la Guerra Grande y en la del ´95, en el  ejemplo de la Generación del Centenario, y en la permanente y certera guía del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Así nos convoca esta celebración, en momentos en que la soberbia imperialista estadounidense se ceba en su pueril empeño por hacer inclinar la frente a la inmensa mayoría de un pueblo rebelde, que sabe del precio de la libertad conquistada a filo de machete, disparos de fusil  y a firmeza de ideas.

Se ha dicho con justeza que, no escapó Carlos Manuel de Céspedes a los diversos propósitos del naciente imperio en cuanto a Cuba, pues la humana y justa liberación de sus esclavos por principio se contrapuso a ambiciones de norteamericanos con propiedades y dotaciones esclavizadas en la isla.

En el momento prevalecieron, igualmente, posiciones de quienes desde los Estados Unidos esperaban la anexión en oportunidad propicia y que, en lo general, se oponían a reconocer la independencia y fueron determinantes en la articulación de la política ante la lucha cubana.

Nace pues, junto con el grito independentista cubano, el sentimiento antiyanqui  y contra el anexionismo, aunque se  fortalece, parejamente, la simpatía entre el pueblo cubano y el estadounidense, donde este último, apenas una centuria antes, había conquistado su emancipación.

Cierto es, también, que a partir del grito libertario en la mayor de las Antillas comienzan los planes gubernamentales de Estados Unidos para hacer abortar tan justa aspiración; acciones denunciadas y sufridas en más de una oportunidad por José Martí y los patriotas residentes en ese país.

En pleno siglo XXI la aversión sin escrúpulos hacia la isla por el actual gobierno norteamericano va mucho más allá de las diferencias ideológicas, pues contra Cuba se aplica la estrategia de destruir a un pueblo, el bloqueo no busca cambiar un país y sí devastar una nación, en avenencia con los intereses económicos de Estados Unidos.

La lucha contra la pandemia de la COVID-19 y la demostrada eficacia de los protocolos aplicados por el sistema cubano de salud pública, que han llegado a otras partes del mundo -incluida la garantía de las vacunas propias que trascienden fronteras-, han incrementado la hostilidad del vecino del norte y su maquinaria agresiva contra la nación antillana, sumada la participación de cipayos mal pagados.

Precisamente frente a esos sin valores es que reverdece el ejemplo del 10 de octubre de 1868, en segura continuidad con casi el siglo de  lucha que transcurrió hasta el 1ro de enero de 1959, en que los empeños libertarios de Carlos Manuel Céspedes se hicieron plenitud, dejándonos el mandato, además, de defenderlos bajo la premisa de libertad o muerte, o más bien de patria o muerte, para más vida con decoro. (Foto: Archivo)



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