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¿Por qué Cuba tiene que renunciar a ser un país digno y soberano? La mayor de Las Antillas enfrenta intentos desestabilizadores, los que, bajo las ordenanzas del imperialismo yanqui, desean provocar un estallido social en la Isla en contra de la Revolución cubana.

Vivimos tiempos en donde las guerras no convencionales, esas que desprovistas de movimientos armados encuentran sus mejores aliados en las fakenews y las campañas difamatorias.

La contrarrevolución cubana es fabricada desde el exterior, específicamente desde los Estados Unidos de América y la Casa Blanca, mediante financiamiento mueve fuera y dentro de Cuba a no pocos grupúsculos apátridas.

La Agencia latinoamericana Prensa Latina el 31 de mayo del presente calendario publicó una información, en donde reflejó que el Gobierno de Estados Unidos solicitó 20 millones de dólares para “programas de democracia” dirigidos a Cuba dentro de su presupuesto de 2022.

En el mencionado cuerpo de la noticia hubo otra solicitud de presupuesto, la que incluyó 94 mil 43 millones de dólares para la Oficina de Iniciativas de Transición de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID, siglas en inglés) y otras entidades, vinculadas a programas de subversión contra la mayor de Las Antillas.

Por ende, en medio de un genocida bloqueo imperialista y de cara a la incidencia de la COVID-19, los agradecidos de este aguerrido archipiélago hemos sabido lidiar de cerca con el inoperante y ya conocido manual de “golpe blando”, puesto en práctica y con resultados eficaces por desgracia en otras vecinas naciones.

El reconocido periodista cubano Raúl Antonio Capote en su artículo Golpe suave: estrategia de Estados Unidos para cambiar sistemas, publicado en el Periódico Granma el 1ro de diciembre de 2020 , asevera que “las revoluciones de colores, golpes suaves o golpes blandos son, en realidad, un mecanismo de intervención extranjera indirecta, creado por la CIA para, en las nuevas condiciones geopolíticas de finales del siglo XX y principios del XXI, aplicar, con la menor cantidad de pérdidas posibles, la vieja política de cambio de sistema social en aquellos países, que revisten algún objetivo estratégico para Estado Unidos.     

Según lo expresado anteriormente, más claro ni el agua, como dice el cubano. Ante la ausencia de misiles y bombas, la subversión, la construcción de falacias, y la malsana desinformación toman protagonismo en el teatro de operaciones del psiquismo humano, hallando ellas así un terreno nutricio para el despliegue de toda una embestida mediática brutal.              

Las recientes peticiones de la contrarrevolución de manifestarse en las calles de los revolucionarios, en supuesto respeto a los preceptos constitucionales, y tomando a la Carta Magna como pedestal para hacer el rejuego a los intereses anexionistas, pro- imperialistas y de cambio de régimen, no hallaron respaldo en la alta dirección de la mayor de Las Antillas y en el pueblo fidelista y marxista leninista.    

No caben dudas de que la condición mercenaria de los vende-patrias es condenada por la madre historia, y sobradas razones tenemos para descalificar la ilegítima e inconstitucional aspiración de los llamados “opositores”, pues sus estratagemas son edificadas desde el extranjero, bajo la premisa de que “el que paga, manda”.   

La Revolución cubana se desenvuelve en medio de complejas condiciones, por la irrenunciable vocación independentista y su programa de desarrollo socialista, en abierta contradicción con la política del genocida imperialismo yanqui, lo que permite avizorar un escenario difícil y desafiante, que demanda hoy más que nunca un fortalecimiento de la unidad popular.

La suerte está echada, iluminados en el imprescindible legado de Fidel y Raúl, y bajo la certera guía de Miguel Díaz Canel, los agradecidos cubanos viviremos, resistiremos y venceremos. (Foto: Archivo) (Jorge Enrique Fuentes Ruiz/Radio Cadena Agramonte)                 

 

 



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