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Por Mónika de los Ángeles Escobedo Artola/Radio Cadena Agramonte.
Los cubanos llevamos impregnado en las venas el espíritu de luchadores; somos capaces de superar cada desafío al que nos afrontamos, y aunque nunca imaginamos todo el daño que nos causaría la COVID-19, poco a poco nos levantamos con esa fuerza que nos caracteriza.

Cuando las tradiciones y fiestas populares de todo el país se restringieron, se cancelaron eventos y conciertos, se cerraron cines, teatros, librerías y centros recreativos, supimos buscar la luz al final del túnel para mantener el arte en su peldaño más alto.

Aprendimos a dominar las plataformas virtuales, a usarlas a nuestro favor y convertirlas en los nuevos espacios para que el talento emergente del corazón de los cubanos tuviera un lugar.

Así fue como logramos que no faltaran jamás las creaciones que alegraban el alma y enriquecían el espíritu de la población, aunque fuese a través de una pantalla.

La virtualidad se volvió la mejor amiga para la organización de eventos, participación en concursos, y la publicación de cápsulas audiovisuales que mantenían informado al pueblo. 

Desde que comenzó la intervención sanitaria, muchas instituciones culturales fungieron como vacunatorios, y ahí estaban disponibles artistas, audiovisuales, libros y lienzos para alegrar a la población durante la espera.

Aunque la batalla continúa y exige el aporte de todos, la esperanza ya florece y dentro de poco tiempo podremos disfrutar de exposiciones, puestas en escena, conciertos, bailes y fiestas populares, todo lo que no sabíamos que un día extrañaríamos.

La enseñanza que nos dejan estas experiencias es que los cubanos llevamos en nuestra sangre la fuerza suficiente para saltar todas las barreras que se presenten en nuestro camino, y eso, también es cultura. (Foto: Archivo)



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