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Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz/ Radio Cadena Agramonte.
Qué maravilla experimento en estos días al ver a mi Cuba salir adelante. Frente a la alta eficacia de los inmunógenos cubanos, menciónese Abdala, Soberana 02, Soberana Plus, entre otros, la COVID-19 desaparece.

Mi archipiélago reabre sus fronteras, las ciudades van colmándose del bullicio popular, y las calles se visten de pañoletas azules y rojas rumbo a un luminoso porvenir.

En fin, le damos la bienvenida a la “nueva normalidad”. Frente a la alegría poblacional, el mes en curso atesora una efeméride transcendental que nos entristece, pero que al mismo tiempo convida a seguir más pujantes en la batalla.

Los agradecidos conmemoramos este 25 de noviembre el quinto aniversario de la partida hacia la inmortalidad del invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Y no son pocas las razones para evocarlo, pues es y será por siempre artífice indiscutible de nuestros logros.

Fidel no ha muerto, pues cumplió bien con la obra de la vida. Y lo recuerdo en la sonrisa de un anciano atendido por la asistencia social, en las miles de vidas que se han salvado gracias a la brillante labor humanitaria del Contingente Henry Reeve a lo largo y ancho del globo terráqueo, en la esperanza de los educandos convocados a la búsqueda del conocimiento y la superación personal.

Lo siento en todo lo que apunta hacia el progreso, lo percibo en la justicia social, en la buena voluntad.

Los enemigos no escatiman fuerzas para desacreditar el bello y genuino legado de Fidel. De cara a las arremetidas de los que apuestan porque Cuba renuncie a su soberanía, la verdad y la razón acompañan al pueblo de la mayor de Las Antillas, que inspirado en el Líder histórico de la Revolución, se crece cada día al superar el ineficaz bloqueo imperialista yanqui y otros tantos retos.

Por ende, para que Fidel esté siempre presente en nosotros, y su impronta sea, más que recordable, palpable en cada obra, esforcémonos por ser mejores estudiantes, profesionales consagrados, revolucionarios llenos de optimismo, combatientes incansables, obreros entusiastas, cubanos que le pongamos de forma perenne el corazón a nuestra Isla.

Fidel es Fidel, sentenció Raúl. Y hoy los hijos dignos de esta tierra ratificamos el inamovible respaldo al proceso socialista, al hacer patente la defensa de nuestras conquistas en tema de salud, educación, deporte, comunicación, relaciones internacionales, entre otros ramos, y que dichos logros son comparables con los de las naciones más desarrolladas de este también llamado planeta azul.

Por ello, decimos sin vacilación que de verde olivo vestiremos por siempre.



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