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Por Raysa Mestril Gutiérrez / Radio Cadena Agramonte
raysa@rcagramonte.icrt.cu.


Ernest Hemingway conversa con el líder de la Revolución Fidel Castro.Aún cuando ya se cumplieron 110 años del nacimiento del escritor norteamericano Ernest Hemingway, su huella se mantiene en toda Cuba, y con mayor relieve en Finca Vigia, en su yate  El Pilar, y además en  el recuerdo de los pobladores de San Francisco de Paula,  donde su  leyenda aun deambula por las calles.

 



También en cuestión de fechas, ya su novela Adiós a las Armas cumplió 80 años, y hace 70 de que estableciera su residencia en Cuba.

Corresponsal de guerra en España durante la Guerra Civil, viajero en África y pescador en las aguas del Caribe, Ernest Hemingway  llegó a La Habana a bordo del vapor Orita, desde Francia; iba hacia Cayo Hueso, por lo que su estancia aquí fue muy corta, sólo el tiempo para esperar otro barco que lo llevara a su destino.

Años después regresó para pescar agujas en el  Mar Caribe, a bordo del yate de su amigo Joe Russell, temporada en la que capturó 19 agujas y que contribuyó a convertirlo en un  fanático de ese tipo de pesquería.

Hemingway decía que Cuba lo invadía de una gran energía creativa, y que en ella descubrió el sabor del  aguacate, la piña y el mango. Así lo escribió  en un artículo  que tituló: "Agujas lejos del Morro: una carta cubana", publicado  en la revista Esquire en 1933.

Su segunda estancia en Cuba transcurrió de abril a junio de  1932; y la tercera, un año después. De esa etapa, relató: “escribí  dos de mis mejores cuentos y entonces advertí  que el clima cubano, y su actividad deportiva, me vigorizaban  física y mentalmente”.

En el artículo  "Agujas lejos…. Hemingway señaló el descubrimiento del Hotel Ambos Mundos, que sería su paradero cubano hasta que, casi una década después, compró Finca Vigía.

En su visita de 1933 enganchó un castero de 750 libras, que le quebró la caña después de hora y media de lucha; ese era el tipo de vivencia que le iba aficionando al país.

HEMINGWAY EN CUBA

Con una descripción de la Habana Vieja comienza  Hemingway su novela "Tener y no  tener", publicada en 1937, que ocurre en Cuba y en Cayo Hueso.

En la novela, Harry Morgan, el personaje protagónico, pregunta a un revolucionario cubano qué clase de revolución harán sus compañeros, a lo que este le responde: ”Somos el único partido revolucionario. queremos acabar con los viejos politiqueros, con el imperialismo yanqui que nos estrangula y con la tiranía del ejército. Vamos a comenzar de nuevo para darle a cada hombre una oportunidad. Queremos terminar la esclavitud de los guajiros, dividir las grandes fincas azucareras entre quienes las trabajan... Ahora estamos gobernados por rifles, pistolas, ametralladoras y bayonetas... Amo a mi país y haría cualquier cosa por librarlo de la tiranía”.

En abril de 1939 el autor de El Viejo y el Mar viajó a La Habana con su nueva compañera y tercera esposa, Marta  Gellhorn, y se alojó en el  Hotel Ambos Mundos, pero allí están expuestos a la curiosidad y a las visitas constantes de los amigos, así que ella comienza a buscar otro sitio donde vivir.

De aquel viaje la esposa de Hemingway narró: “Caminé mucho, busqué mucho, hasta que encontré Finca Vigía, en San Francisco de Paula, que había pertenecido a la familia D'Orn, y estaba en un estado de total abandono…., pero a Ernest no le gustó al principio.

El escritor alegaba que estaba demasiado lejos de La Habana, que si ella quería alquilara la casa, y él pasaría el tiempo en el hotel o en su yate Pilar. Es cuando Marta decidió reconstruir la casa, y una vez concluidas las reparaciones a Hemingway le gustó.   En diciembre de 1940 adquirió la propiedad.

La novela Por quién doblan las campanas fue escrita en la  nueva residencia de Finca Vigía, en  San Francisco de Paula, y fue esa obra su primer vínculo con la Revolución.

En el transcurso de su agitada vida muchas ciudades acapararon la atención de aquel hombre de lento andar y mirada escrutadora, pero ninguna como La Habana.

Vinculado para siempre a la vida del mar y al olor al salitre que, como él decía, se impregna en la piel hasta llegar al corazón, Ernest Hemingway también quedó eternamente en Cuba.  



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