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Por Enrique Milanés León/ Fotos: Orlando Durán Hernández. 

En las manos de Carmen, Buddy tuvo nueva vida para beneplácito del pequeño Frank Ernesto Molina. (Foto: Orlando Durán).Su historia parece sacada de un cuento de La Edad de Oro. Cuando tenía apenas ocho años, la familia la privó de la muñeca Loreta, que perdía el peso y la vida mientras dejaba por toda la casa una fina estela de aserrín que disgustaba a los mayores. Le compraron otra muy hermosa, dice que francesa o española, pero nunca la quiso igual. Desde entonces, Carmen Soto González reparó sus muñecas y aprendió a hacerlas, para regocijo de otros niños y adultos.

Hoy se le encuentra en una vieja casona de Camagüey, cambiando el polvo por las metas en su afán de establecer allí el Proyecto CarSueños, o los sueños de Carmen, como tradujo al final de la conversación, cuando no hacían falta explicaciones.

“Lo que vamos a fundar -aclara- es La Casa de los Muñecos, primera de su tipo en Cuba porque contará con un museo y un servicio de reparación de juguetes que no existen en el país”.

La Casa dispondrá de un área expositiva con trabajos de y para niños, una sala museable con la historia de la muñequería en Cuba desde la Colonia, talleres de creación y apreciación y un llamado consultorio para alegrar a los pequeños “curándoles” sus juguetes. Aunque apretado, habrá espacio, también, para una sala de juego y una pequeña biblioteca. Más de 20 muñequeras y varios artesanos se ocuparán de que los sueños de cualquier niño adquieran formas y colores concretos.

Alegres hijos de la solidaridad

A inicios de los noventa, cuando la situación económica del país era particularmente tensa, el Chau Bloqueo, grupo solidario argentino, aportaba pequeña recortería de tela con la que Carmen y otras artesanas de Sierra de Cubitas confeccionaban ropas y accesorios para los círculos infantiles de su localidad.
 
Cierta vez, ella obsequió muñecos de tela, en calidad de souvenir, que encantaron a los amigos. Los muñecos comenzaron a viajar y, con los fondos recaudados de su venta, Chau Bloqueo traía a los niños de Sierra de Cubitas ayudas que el insensato bloqueo estadounidense hacía más urgentes en aquellos años.

Entre 1993 y el 2001, más de 200 muñecos camagüeyanos se asentaron en Argentina con la visa de la solidaridad. Lo curioso es que, como a cada uno de sus “hijos” de tela, Carmen les daba un nombre, una historia, una vida.

“Todavía -agrega- me carteo con Gloria Pollola. Ella compró un muñeco mío y le cambió el nombre para llamarlo como su hijo. Esa experiencia solidaria nos hizo a todos mejores seres humanos y nos preparó para este paso”.

Ivette y frank, dos caminos a la esperanza

Son dos niños diferentes, pero comparten bajo el cielo de Cuba iguales derechos a la esperanza. Ella, Ivette González -hija del Héroe René, a quien el Gobierno de Estados Unidos mantiene prisionero injustamente por combatir el terrorismo-  no conoce todavía de este proyecto camagüeyano, sin embargo Carmen y sus muñequeras organizaron en su honor el concurso La muñeca para Ivette
.
“Al principio dijimos, la muñeca más linda para Ivette, pero todas las artesanas reclamaron y queremos enviarle varias para que estén con ella en su cuarto y la acompañen mientras llega su papá”, relata Carmen.

Frank Ernesto Molina sí sabe de CarSueños. Este niño camagüeyano de siete años padece una psicosis infantil con síndrome autista asociado y sufría mucho por el deterioro de su juguete preferido, un muñeco llamado Budy que en las manos de la entrevistada recobró muy pronto su porte como mejor amigo del pequeño.
 
Judith Morales, la mamá de Frank, recuerda que él preguntaba todos los días si le habían curado a su juguete. “Ahora no lo suelta -añade- y eso nos tiene muy felices. Él ama ese juguete, no era igual comprarle otro; este es un proyecto de luz y esperanza, para niños como el mío y para niños sanos”.

Aún sin inaugurar la Casa, pero abiertas a cualquier reclamo como el de Frank, Carmen y sus muñequeras alistan el local y preparan la muñeca de tela más grande de Cuba: una morena de más de 10 metros llamada Leonor, como la del cuento “La muñeca negra” recogido en La Edad de Oro.
 
Es mucho más que cosa de juegos. Frente a opciones de mercado incoherentes con nuestra idiosincrasia y a blondas muñecas de ojos azules que no dicen nada a las niñas cubanas, vale el esfuerzo de estas mujeres por mantener en la actualidad el diálogo de la pequeña Piedad con su muñeca negra: “… con los ojos me dices que me quieres”.



Comentarios

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Eladio González toto
En Camagüey, Francisco López Domínguez (ex delegado provincial de lCAP -Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) nos da su siempre amorosa bienvenida. De su mano nos asombramos con el cambio que el Intendente de la ciudad logró en la misma.Parece otra, remozada, reparada, pintada, con mejoras impensables en otro tiempo. Un gran parque acuático terminando de construirse, botes, natación, restaurantes, bares y solaz para la población. Cien cubanos no podían aguardar y ya se zambullían en el “invierno” cubano. Faltaban días para que cumplieran los 500 años de la urbe y todo era un febril ajetreo con calles cortadas, obreros, grúas y camiones por todos lados. Paco, con su tanque ruso (auto Volga), no para, va y viene y vuelve a llevar, traer, presentar, acercar, ayudar y el ruido de los neumáticos del Volga alerta a decenas de vecinos en su camino a tareas, quienes les saludan a los gritos cariñosos y él contesta feliz de esa cosecha de amor fraternal que su dedicación de sol a sol le hizo ganar entre sus conciudadanos y entre todos los pueblos del mundo. La unción que Paco pone en cada actividad que hizo, hace ó planea hacer tiene el misterio de un cuento de hadas que con un hilo de oro tejen lo íntimo y esencial entre pueblos fabricando un cuerpo multinacional que tiene alma, espíritu y Revolución cubana. Por las calles conté de dos a 3 enormes chanchos girando en improvisados asadores para la cena de fin de año en la que probé huevas de lisa y camarones y a las 12:00 p.m. vi a mi anfitriona, Ángela, dar el baldazo a la calle en el 2014; es como arrojar a la calle todo lo malo para recibir lo bueno que llegue con el nuevo año. Sin petardos, ni cañitas voladoras, ni los inteligentes tiros al aire que hacen los argentinos en mi tierra (balas perdidas que matan personas desprevenidas). Los camagüeyanos por miles en la calle principal "saqueaban" (pagando en C.U.C.) las abarrotadas tiendas en las que se paga en divisa. Se me hizo difícil distinguir a turistas de cubanos que visten como duques, en cambio los extranjeros daban pena, yo entre ellos. Los cubanos hablan con sus celulares por todos lados. El hogar de Carmen la Cubiteña nos aguardaba con la bandera argentina desplegada y 9 vecinos talleristas. Hacen muñecas que reparten en hospitales, casas de niños sin amparo filial y otras. Su bella hija nos deleitó con canto e interpretación al piano de “Damisela encantadora” , aproveché para bailar con Irene. Un joven matrimonio con 2 hijos, la esposa, Taimí Herrera es locutora, abre su cartera y extrae una carta que le escribí en 1994 cuando ella tenía 14 años (como tiene su hija ahora). ¡Qué emoción conocer sin esperarlo a una de mis corresponsales cubanas, qué hermoso fue! Me muestra la estampita religiosa que le envié porque ella cantaba en el coro de la iglesia. Me obsequian una artesanía realizada por ellos. Al día siguiente el encuentro es en la Casa Museo de la Muñeca en el centro de la ciudad, el edificio bajo en su ochava posee una gran escultura en relieve de Nicolás Guillén, poeta nacional cubano. Allí, 20 se han reunido para agasajarnos. Son parte de los vecinos que colaboraron cosiendo partes, pies, piernas, manos, brazos etc. de la muñeca negra “Leonor” (del cuento de José Martí), más grande del mundo, que hace un año levantaron con una grúa aspirando al Premio Guinnes. Es tan alta como el edificio de la Plaza de Camagüey. Ruego que el intendente ayude a que Carmen Soto, la muñequera maravillosa, logre que la casona Museo de la muñeca, sea restaurada para que turistas y ciudadanos disfruten del estímulo revolucionario que Carmen y sus muñecas producen a todo ser humano. Porque como dice ella y apruebo yo, el juguete es político, los niños imaginan presente y futuro cuando mueven en sus manos un muñeco. Yo agrego… que sea uno de Elpidio Valdés y NO “el hombre Araña”. Recuerdo 1994 y el taller que dirigía en Sierra de Cubitas Carmen, donde las vecinas y ella cosían con máquinas donadas por argentinos de Chaubloqueo y telas unos preciosos bloomers (bombachas) para las niñas, en el peor momento del Período Especial, el elástico para que no se cayeran las prendas lo cortaba en tiras de una cámara de carro un vecino con su cuchillo.

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