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Por Rosa María Moros Fernández/ Radio Cadena Agramonte.
rmaria@rcagramonte.icrt.cu
Mientras el bloqueo de Estados Unidos a Cuba frena el acceso de insumos y medicamentos imprescindibles para salvar vidas, algunas Organizaciones No Gubernamentales –con supuestos fines humanitarios- se han dado a la tarea de socavar por ese flanco el orden interior de la isla.
“Ayudas peligrosas”, el más reciente capítulo de la serie de denuncia Las Razones de Cuba, relacionó el accionar de algunas de esas ONGs que –escudadas en irrisorias dádivas que nada resuelven- participan en los programas de subversión que estimula y financia el gobierno norteamericano contra el mayor archipiélago de las Antillas.
Una vez más se hizo añicos el entramado escenográfico concebido por el enemigo para desacreditar a la Revolución Cubana y a una de sus rotundas conquistas: la salud pública.
Y es precisamente uno de sus prestigiosos especialistas, el supuesto contrarrevolucionario doctor José Manuel Collera –el agente Gerardo, para la Seguridad Cubana- quien descaracterizó los verdaderos propósitos que subyacen tras la manipulación del dolor de pacientes y familiares, a manos de esas agrupaciones inescrupulosas.
Fundaciones como la Panamericana para el Desarrollo, financiada por la USAID; la archiconocida DONNER; o la “Atlas Economic”, por sólo citar a las vedettes del show anticubano, nada tienen que ver con el “amor al prójimo” que enarbolan como bandera.
Nuevamente han errado el camino. Durante décadas la Revolución no ha escatimado esfuerzos ni recursos para consolidar el acceso y desarrollo cuanti-cualitativo de los servicios de salud, del que disfrutan gratuitamente todos los cubanos.
La isla del Caribe bloqueada, asediada y agredida, comparte el bien que tiene con decenas de países, donde fuerza calificada profesional y humanamente colabora en interés de brindar su modesto aporte, sin fanfarrias demagógicas e hipócritas.
Miles de personas en todos los continentes se han beneficiado de la atención que galenos de esta nación han extendido solidariamente hasta los parajes más inaccesibles, en condiciones difíciles y hasta de riesgo personal.
Pésele a quien le pese, el prestigio ganado en el mundo por la Medicina Cubana va más allá de categorías científicas y tecnologías sofisticadas, pues es el fruto de una ética de justicia social en tiempo real fuera de alcance para esas ONGs que lesionan a las otras organizaciones que verdaderamente rinden un meritorio cometido, atenidas al principio de no injerencia en los asuntos internos del país.
La capacidad, la consagración y el talento de nuestros médicos, enfermeras y técnicos, dondequiera que estén, no solo han suplido con efectividad las carencias impuestas por el bloqueo desde hace más de cinco décadas, sino que ratifican –como bien afirmó el agente Gerardo- que jamás faltarán al deber de defender la Patria desde ésa o cualquier otra trinchera.